Envejecer no es perder…
es llegar.
Cada año que cumples es una historia que seguiste escribiendo cuando muchos ya no pudieron continuar la suya.
No es una derrota del tiempo.
Es un privilegio silencioso que casi nadie valora hasta que entiende lo que significa seguir aquí.
Por eso no te avergüences de las canas, de las arrugas ni del paso de los años.
Son la prueba de que la vida todavía te eligió un día más.
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