Rodolfo Llinás no es el único que ha
hablado de la relación entre inteligencia y fidelidad. Un estudio
dirigido por Satoshi Kanazawa, especialista en psicología evolutiva,
llegó a una conclusión similar. En su investigación señaló que los
hombres con coeficientes intelectuales más altos (superiores a 106)
valoran más la fidelidad en pareja. En las mujeres es diferente: todas
la valoran, sin que esto guarde relación con su nivel de inteligencia.
El estudio indica que la monogamia es una fase superior de la evolución
humana. En principio, el humano está estrechamente ligado al
comportamiento instintivo del mamífero. Esto le inclina a la poligamia.
Pero, tanto en la historia de la humanidad como en la individual de cada
hombre, la monogamia parece implicar un nivel superior de evolución.
Verdaderamente, la infidelidad tiene
como condición tener mucho tiempo libre y mucha disposición emocional
para el conflicto. Cuando una buena parte de nuestro tiempo está ocupado
es más complicado gastar parte de él en las intrigas y las estrategias
asociadas a la infidelidad. Tampoco se dispone de tanta energía
emocional como para pagar el precio de actuar a escondidas, evitando ser
pillados y manteniendo una fachada falsa.
Resulta mucho más inteligente establecer una relación y refinarla que ir
saltando de relación en relación. La monogamia trae grandes
satisfacciones, no es un sacrificio.Como toda situación humana con
valor, implica esfuerzos. Sin embargo, es mucho más lo que aporta.
Si la vida individual se enfoca hacia
grandes objetivos, seguro que un compañero o compañera permanente de
viaje es un gran tesoro. Y al contrario, si la vida se enfoca a lo
banal, una relación estable entorpece esa futilidad e intrascendencia.
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