Por qué "desear" el éxito te mantiene en la mediocridad (La dura verdad sobre la incongruencia). 

La inmensa mayoría de la gente anhela una vida rica, abundante y libre de estrés. Pero si analizamos sus últimas 24 horas, encontramos un desastre:
procrastinación, quejas, horas perdidas en distracciones y decisiones impulsivas.
Existe una ley de causa y efecto en los negocios y en la vida:
"La vida no cambia por deseo, cambia por disciplina”. 
Nadie construye abundancia desde la pereza. Ningún líder llegó a la cima con hábitos pobres. Todos tuvieron que romper su antigua rutina, reemplazarla y reconstruirse internamente.
Y sí, al principio duele. El cuerpo y la mente se resisten. Pero cambiar tus hábitos no se trata simplemente de hacer algo diferente un día; se trata de convertirte en alguien diferente todos los días. 
Es la decisión diaria de elegir la disciplina en vez de la comodidad, la visión a largo plazo en vez del impulso inmediato de dopamina. Si cada día postergas y buscas atajos, estás construyendo los cimientos de tu propia ruina.
Si realmente quieres resultados ricos, deja de pedirle favores a la vida y empieza a limpiar tu agenda. Despide los hábitos que te quitan energía y contrata aquellos que te acerquen a la meta. 
Lo que haces a las 6:00 a.m. cuando nadie te ve, habla muchísimo más fuerte que los sueños que cuentas en público.
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