No todo el mundo merece conocer tus ideas, tus sueños ni tus próximos movimientos. Hay personas que, por naturaleza, no saben cuidar lo valioso: lo consumen, lo arruinan o lo traicionan. Por eso la vida también enseña una lección dura pero necesaria: debes aprender con quién compartir tu visión… y con quién guardar silencio.
Hablar de queso con ratas es tentar a quien vive para devorar.
Hablar de pan con pájaros es anunciarle tu tesoro a quien solo piensa en llevárselo.
Y hacer planes con serpientes… es confiar tu futuro a quien podría morderte en el momento exacto en que más lo necesites. 
No todos los que te escuchan te apoyan.
No todos los que te sonríen te desean bien.
No todos los que caminan contigo quieren verte llegar.
Algunos solo quieren saber qué estás construyendo para calcular cómo entrar, aprovecharse o destruirlo. 
Madurar también es entender que el silencio protege.
Que la discreción salva.
Y que muchas veces el error no está en tener enemigos… sino en sentarlos demasiado cerca de tus planes.
Cuida tus ideas.
Cuida tus pasos.
Cuida a quién le muestras el mapa de tu vida.
Porque hay bocas que preguntan por curiosidad, pero escuchan con envidia. Y hay ojos que parecen admirarte, cuando en realidad solo están buscando el mejor momento para atacarte. 
No todo se cuenta.
No todo se comparte.
No todo se revela.
Porque en este mundo, a veces la diferencia entre avanzar o caer…
está en saber reconocer quién es paloma, quién es rata… y quién nunca dejará de ser serpiente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario