Una oveja puede caer en una zanja… pero son los cerdos los que se revuelcan en ella. 
Hay errores que le pueden pasar a cualquiera.
Caer, tropezar, equivocarse, tomar una mala decisión en un momento de debilidad… eso es humano.
Todos, en algún punto de la vida, hemos pisado terreno sucio. 
Pero una cosa es caer…
y otra muy distinta es acostumbrarte al lodo.
Una cosa es cometer un error con vergüenza y deseo de corregirlo,
y otra es abrazar la miseria, justificarla, disfrutarla y convertirla en estilo de vida. 
Porque no define tanto tu caída…
te define lo que haces después.
Si luchas por salir.
Si aprendes.
Si te limpias.
Si cambias.
O si decides quedarte ahí, ensuciándote más, arrastrando a otros contigo y haciendo del desastre tu zona de confort. 
Hay gente que se equivocó y se levantó con dignidad.
Y hay gente que encontró placer en su propia degradación.
Ahí está la diferencia.
No todos los que caen están perdidos.
Pero sí lo están muchos de los que ya no quieren salir. 
La vida puede empujarte a una zanja.
Eso puede pasar.
Lo verdaderamente grave…
es cuando el alma empieza a sentirse cómoda en la suciedad.
Porque caer no te vuelve indigno.
Quedarte ahí por gusto, sí. 
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