Nos han vendido la idea de que el hombre debe ser el pilar inamovible, el que todo lo puede, el que no se cansa y el que debe resolver cada problema.
Pero hay una línea muy delgada entre ser un protector y ser una víctima de explotación.
Si tú eres el único que aporta financieramente, el único que resuelve los conflictos, el único que cuida los detalles y el único que llega agotado al final del día mientras ella solo observa y exige... despierta.
Eso no es un equipo, eso no es un matrimonio y, mucho menos, es amor. Es un abuso disfrazado de "roles" tradicionales.
Una pareja es una sociedad de dos. Si uno de los socios se queda sentado viendo cómo el otro se desvive por mantener el barco a flote, lo que tienes es un parásito emocional.
El abuso no siempre son gritos o golpes; a veces es el silencio cómodo de quien permite que tú te agotes para que ella pueda vivir sin preocupaciones.
El respeto se demuestra aliviando la carga del otro, no sentándose encima de el.
El amor sano es recíproco por naturaleza. Si el sacrificio no es mutuo, la relación es una estafa.
Un hombre de valor sabe que su energía es limitada y que merece una compañera que sepa ensuciarse las manos y poner el hombro cuando las fuerzas flaquean.
No permitas que tu nobleza sea la excusa para que alguien más viva en la pereza.
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