Para algunas mujeres es muy fácil criticar la casa, quejarse de que el dinero "no alcanza para lujos" o protestar porque la vida no es un cuento de hadas, cuando no puso ni una sola rama para construir el nido.
Hay mujeres que se sientan a esperar que el hombre solucione, provea, proteja y construya un imperio, mientras ellas solo observan desde la barrera con una lista de exigencias.
Entiéndelo: Si no sudo contigo para levantar esas paredes, si no apretó el cinturón cuando las cosas se pusieron duras y si la única "aportación" ha sido señalar lo que falta, no tienes derecho a voz ni a voto sobre la comodidad tu hogar.
Un hombre de valor no es un sirviente de caprichos ajenos. Un hogar es una sociedad de construcción mutua.
Si ella solo aparece para disfrutar de los frutos, pero desapareció cuando hubo que sembrar, no es una compañera, es una pasajera de lujo.
Quien no pone el hombro en la construcción, que no abra la boca para la crítica. La gratitud es el único alquiler aceptable cuando no se puso el capital.
Un hombre debe proteger su nido, pero también debe protegerse de quienes solo quieren habitarlo para saquearlo.
Si ella no ayuda a construir, que aprenda a valorar lo que hay, o que aprenda a construir su propio refugio lejos de tu esfuerzo.
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