lunes, 13 de abril de 2026

SOBRE LO ETERNO, Y LO QUE NO ES ETERNO (Por José Miranda)

 

Buenos días querido público, hoy voy a intentar tratar un tema bastante polémico, entre otras cosas porque difiero mucho de algunos conceptos muy arraigados en la sociedad, difundidos y hasta impuestos, en determinados sectores, por algunas formas religiosas, y se trata de “la gloria eterna” y el “infierno eterno”, en la actualidad están modificando algunos de los dogmas que en otros tiempos eran incuestionables,  inquebrantables e inamovibles, la sociedad está despertando y ya no se traga todo lo que le echen, y haciendo uso de nuestras libertad intelectual y de expresión, hoy podemos cuestionar todo aquello que creamos que está fuera de coherencia y los límites de nuestra razón, comprensión y de su correcta aplicación.

En entradas anteriores afirmábamos que nada es para siempre, todo es transitorio, porque la vida humana, en cualquiera de sus formas, característica y niveles, solo es un periodo de aprendizaje y capacitación, es una escuela de autorrealización personal y espiritual, cuyas principales asignaturas son el conocimiento del Amor como fuente creadora y punto de partida de todo cuanto existe, y el conocimiento y control de todas sus manifestaciones en forma de energías que componen todos los procesos que nuestra Madre Naturaleza emplea para conducir a todo lo creado en un orden ascendente hacia el progreso y evolución, todo es una continua actividad en cualquiera de las dimensiones de la Naturaleza, todo es una combinación de trabajo y descanso orientado al bien universal, igual que el día y la noche.
 
No existe el día eterno, ni la noche eterna, porque ambos son complementos entre sí, y junto forman un ciclo de vida, tampoco existe el descanso eterno o el trabajo eterno, en el trabajo se consumen unas energías y ello conduce al cansancio, y en el descanso se recuperan, y trabajo y descanso forman otro ciclo de vida.
 
El término “gloria” para cada persona significa algo diferente, pues nos encontramos en la gloria cuando estamos pasándolo muy bien, y cada cual se lo pasa bien haciendo o practicando cosas diferentes, esto quiere decir que cada cual posee su gloria particular, el adicto al trabajo se lo pasa bien trabajando, y el ocioso al contrario, el violento disfruta con la violencia, pero el pacífico al contrario, si al violento lo llevan a un lugar de paz, se encontraría incomprendido y rechazado y no se sentiría en la gloria, posiblemente para él significaría el infierno, y en el caso del pacífico igual.
 
Cuando pensamos en la gloria, todos imaginamos un lugar que contiene todo lo que nos gusta y hace que nos sintamos bien, el adicto al alcohol no concibe una gloria donde no pueda echar un trago de lo que le gusta y necesita, y con todo lo expuesto concluimos diciendo que no existe ese lugar llamado “gloria” que en muchos sitios prometen o intentan ofertarnos en cómocos plazos, existen estados de paz y niveles de conciencia particulares e individuales, que según su naturaleza y condición, proporcionan a sus poseedores, vivencias y formas de pensar y sentir, en concordancia con su nivel de progreso, evolución y capacitación, tanto si estamos aquí en este mundo como personas, como cuando crucemos el umbral de la muerte, y pasemos a la condición de Ser, alma, espíritu, fantasmilla, o lo que sea, nuestra realidad, es nuestra realidad, y no hay otra cosa, nos lo diga quien nos lo diga.
 
El infierno nos lo pintan como un lugar de castigo donde iremos a parar si hemos sido malos, por haber hecho daño y creado sufrimientos a otras personas animales y demás, y tambien si hemos contradecido o cuestionado las ordenanzas o mandatos de algunas de las formas religiosas, pero lo peor del caso es que en algunos lugares nos anuncian un infierno eterno, donde unos seres malvados se divierten haciéndonos la depilación al fuego, y de por siempre, el dichoso “fuego eterno”. 
 
No existe ningún lugar de martirio, ni mucho menos de castigo, no hay tal castigo ni tal infierno, y mucho menos “eterno”, lo que sí existe es la adjudicación de las consecuencias de nuestro actuar, y no como castigo, sino como medio de aprendizaje, capacitación y sensibilización, que viviendo en propia persona o alma, lo que hemos hecho vivir a otros, juzguemos por sí mismos la real naturaleza y efectos de nuestros hechos, y seamos nuestros propios jueces, y toda falta cometida tiene un proceso de resolución y restituir el orden violado. 
 
Cuando se restablece el equilibrio y aprendemos la lección, quedamos libres de las consecuencias y en paz con la Madre Naturaleza, que fue quien nos asignó las consecuencias de nuestros hechos, repito, no como un castigo, sino como una bendición para que la ignorancia que nos obligaba a actuar en perjuicio propio y de los demás, sea convertida en luz y amor y actúe a favor nuestro y común. 
 
Toda falta cometida, por grave que pueda ser, tiene sus procesos de reparación dentro de un tiempo, nada es eterno ni para siempre. Y hasta aquí mis ideas respecto al tema, saludos.

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