El Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus, y de sus relaciones con el mundo corporal.
Es al mismo tiempo ciencia experimental y doctrina filosófica. Como ciencia práctica, tiene su esencia en las relaciones que se pueden establecer con los espíritus. Como filosofía comprende todas las consecuencias morales resultado de esas relaciones.
Es una doctrina filosófica que tiene consecuencias religiosas como toda filosofía espiritualista, y por esto mismo toca forzosamente las bases fundamentales de todas las religiones: Dios, el alma y la vida futura; pero no es una religión constituida, dado que no tiene culto, rito ni templo, y que entre sus adeptos ninguno ha tomado ni recibido título de ningún tipo.
El Espiritismo no posee dogmas, ni cultos, ni ritos, ni ceremonias, ni jerarquías; no pide, ni admite ninguna fe ciega, quiere que todo sea comprendido. Está basado, pues, en principios independientes de toda cuestión dogmática.
No es por tanto una religión porque no hay una palabra para expresar dos ideas diferentes, y que, en la opinión general, la palabra religión es inseparable de culto, despierta exclusivamente una idea que el Espiritismo no tiene. No teniendo el Espiritismo ninguno de los caracteres de una religión en la acepción usual del vocablo, no podía, ni debía adornarse con un título sobre cuyo valor inevitablemente se habría equivocado.
Es por esto por lo que simplemente se dice doctrina filosófica y moral. No obstante sus consecuencias morales están implícitamente en el Cristianismo, porque es la moral que recomiendan los espíritus, y la más alta expresión de caridad y amor al prójimo que encontramos.
Cualquier espírita o espíritu que afirme que el Espiritismo es una religión estaría en realidad negando lo que Allan Kardec ya ha definido claramente.
(libro ¿Qué es el Espiritismo?, de Allán Kardec
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