Todo se paga, todo se redime. Los pensamientos, los deseos culpables tienen su representación en la vida fluídica, pero las faltas cometidas en la carne, deben expiarse en la carne. Todas nuestras existencias están enlazadas, el bien y el mal se repercuten a través de los tiempos. Y se ven malvados y traidores que, al parecer, terminan sus vidas rodeados de paz y abundancia. Sepamos que, la hora de la justicia llegará, y que los males que han causado recaerán sobre ellos. Resígnate, pues, ¡oh, hombre! y sobrelleva con valor las pruebas inevitables, pero fecundas que borran tus manchas y te preparan un porvenir más venturoso. Imita al labrador que continúa su trabajo encorvado bajo el ardiente sol o del helado cierzo, y cuyos sudores riegan el suelo; el suelo revuelto y destrozado como tu corazón por el pico de hierro, pero del cual brota la mies dorada que hará tu felicidad.
Evita los desfallecimientos que te harán caer de nuesvo bajo el yugo de la materia, haciéndote crear nuevas deudas que pesarían sobre tus vidas futuras. Sé bueno, sé virtuoso a fin de que no vuelvas a dejarte coger por el tremendo engranaje que se llama la consecuencia de los actos. Huye de los goces degradantes, de las discordias y de las vanas agitaciones de la multitud. No es en las discusiones etériles, ni en las rivalidades, ni en la codicia de riquezas y honores donde hallarás la virtud, la sabiduría ni la satisfacción de ti mismo: las hallarás en el trabajo y en la práctica de la caridad, en la meditación solitaria, en el estudio retirado enfrente de la Naturaleza, libro admirable que lleva la firma de Dios.
LEÓN DENIS
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