Hay un punto en la vida en el que uno despierta y comprende que el vínculo no fue una decisión.
No fue una elección.
No fue una lista marcada sobre quién cumple nuestras expectativas, quién encaja, quién resulta lógico a nuestro lado.
El vínculo… simplemente sucede. 
En silencio.
De manera invisible.
A veces incluso cuando todavía nos resistimos. Cuando damos argumentos racionales, cuando huimos, cuando intentamos convencernos de que no deberíamos sentir lo que sentimos.
Porque el vínculo no nace en la mente.
No en ese lugar donde calculamos, analizamos y escribimos listas de pros y contras.
El vínculo vive en la memoria del alma. 
Allí donde no existe el tiempo.
Allí donde no manda la razón.
Allí donde hay reconocimientos, no pruebas.
Por eso, a veces nos conectamos con alguien sin entenderlo.
No es lógico.
No es cómodo.
A veces incluso duele… y aun así está ahí.
Como un hilo invisible que no pide permiso. 

Puede que la mente diga: “debería soltar”.
Puede que el mundo diga: “debería seguir adelante”.
Puede que el orgullo susurre: “no puedo inclinarme”.
Pero el vínculo no se construye desde esas energías.
Nace de ese momento en que dos almas se reconocieron. Y ese reconocimiento no se borra porque ahora haya silencio. No se desvanece porque exista distancia. No desaparece porque la vida nos lleve por caminos distintos.
El vínculo no es lógica, porque no se alimenta solo del presente.
Se nutre de ese espacio profundo y no dicho, donde no importa quién dijo qué, quién hizo qué, quién fue fuerte o débil… sino qué despertó en ti la presencia del otro.
Y si una vez te tocó el alma…
Puedes negarlo.
Puedes reprimirlo.
Puedes construir muros a su alrededor.
Pero no puedes eliminarlo.
Porque el verdadero vínculo no es posesión.
No es apego.
No es dependencia.
Es un saber interior:
“Te conozco.”
“Te conozco desde algún lugar muy profundo.”
“Y pase lo que pase, una parte de mi alma siempre te recordará.”
Por eso el vínculo no es lógica.
Es enseñanza. 
Nos enseña a soltar.
Nos enseña a conocernos.
Nos enseña que el amor no siempre se mide en permanecer juntos… sino en lo que el otro despertó dentro de nosotros.
Y a veces, los vínculos más profundos no llegan para quedarse para siempre…
Sino para transformarnos para siempre. 
Abrazos de luz y bendiciones infinitas
No hay comentarios:
Publicar un comentario