Nadie
se sorprenderá si afirmo que normalmente el ser humano pone más
atención en lo que no quiere que en lo que sí quiere. De modo que no es
extraño que el éxito sea tan raro y poco frecuente. O a la inversa, sí
son exitosos, pero en lo que no quieren. Además, la persona promedio
pone más acento en el esfuerzo físico y mental que en la intención
espiritual. Renuncian a su poder.
Manifestar deseos no es difícil, los «difíciles», en todo caso, somos nosotros.
La
Ley de la Atención afirma que todo aquello en lo que pongas tu atención
–lo quieras o no– va a crecer. No importa si no lo quieres, si lo pones
en tu atención, lo pones en el mundo. Pones tu atención en aquello en
lo que crees, y sólo por el acto de creerlo lo estás creando. Cuando lo
ves en tu mundo confirmas tu creencia, con lo cual vuelve a estar en tu
atención, y así el bucle se retroalimenta sin fin.
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