Biologicamente, el lazo con quien te dio la vida no termina en el parto La ciencia lo llama microquimerismo materno durante el embarazo, células de la madre cruzan la placenta y se alojan en el cuerpo del hijo.
Lo extraordinario es que no desaparecen.
Permanecen activas durante décadas, integrándose a tus tejidos.
Se han encontrado en el corazón, los pulmones y formando parte del sistema inmunológico. No están de paso: participan. Ayudan a entrenar defensas, a responder mejor frente a infecciones y a sostener la salud cotidiana.
Incluso después del nacimiento la lactancia continúa ese intercambio, transfiriendo células y señales inmunes que construyen memoria a largo plazo.
Por eso, sentirla cerca no es metáfora.
Es una realidad física: una parte de ella sigue viviendo en ti, cuidándote desde adentro
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