La
responsabilidad personal es un enorme poder, un signo de madurez y algo
maravilloso. Lo dice la propia palabra: responsabilidad es la capacidad
de responder con habilidad.
Sin
embargo, cuando miramos a la sociedad actual se ven pocas personas que
la asuman, y sí a miles señalando a alguien o a una situación que
justifica lo que les pasa, su infelicidad… Así que solo me quejo y
espero que alguien lo arregle.
Eso
tan solo provoca debilidad, dependencia e impotencia. Desde ahí no se
puede hacer nada, porque damos todo el poder y la responsabilidad a algo
o alguien externo.
Por
otro lado, están las personas que asumen la responsabilidad para así
poder responder con madurez y habilidad a lo que les traiga la vida; lo
ven como un nuevo reto para superarse.
Cuando
no nos responsabilizamos de lo que nos sucede, lo que hacemos es
reaccionar con torpeza y de forma compulsiva. Esa reacción es una forma
de esclavitud, mientras que la responsabilidad nos aporta control y
madurez (o mejor, libertad).
Mientras
no cambiemos ese chip, los problemas se convierten en activadores que,
como el gatillo de una pistola, nos hacen reaccionar.
Esas
situaciones disparan y activan un sinfín de emociones negativas, porque
nos convertimos una vez más en víctimas de las circunstancias al no
declarar la fortaleza de nuestra independencia y capacidad de responder
con habilidad.
En
la vida si no haces lo que no puedes, no pasa nada, pero si no haces lo
que SÍ puedes hacer, resulta muy doloroso. La vida depende de nuestra
habilidad para responder a los retos que se nos presentan, y tu
desarrollo personal es lo que te ayuda a responder de la mejor manera
ante esas situaciones.
Simplemente, decide que eres al 100% el responsable de tu vida.
Javier Iriondo
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