Mantén
tu centro tanto ante las alabanzas como ante las críticas. Tanto unas
como otras irán y vendrán a tu alrededor continuamente, muchas veces
desde una óptica totalmente visceral-interesada y no-racional. Sin que
las personas que las lanzan sepan realmente quién eres, el camino que
has recorrido y las experiencias que has vivido.
Una
alabanza puede surgir desde el corazón, pero también desde la
idealización y el interés. Del mismo modo, una crítica puede ser sincera
y bondadosa, o encerrar, asimismo, un profundo resentimiento ante tu
modo de ser o de pensar. En ambos casos, la perspectiva de la otra
persona, en una gran parte de las ocasiones, va a estar sesgada y
condicionada por sus propios filtros y creencias. Por sus propias
necesidades, expectativas y heridas interiores. Incluso su estado de
ánimo momentáneo puede influir, y bastante, en aquello que proyecte
sobre ti: si está eufórica, hay más posibilidades de que te elogie sin
saber por qué, y si está enojada, tal vez aproveche para descargar sobre
ti su negatividad y frustración acumuladas.
Por
lo tanto, no permitas que la adulación te haga elevarte a un lugar que
no te corresponde, ni que la crítica te suma en un estado emocional
triste y vengativo. Tu equilibrio interior debe permanecer por encima de
ambas polaridades, de modo que aprendas a no depender de la primera ni a
enredarte en la segunda. Saber quién eres, hacia dónde te diriges y
cuál es tu camino te ayudará a enfocarte en tus prioridades y a
mantenerte neutro ante todo aquello que pretenda llevarte a los
extremos.
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