miércoles, 5 de abril de 2023

CONFIANZA EN DIOS Y MAMÁ NATURALEZA (Por José Miranda)

  Cuando llegamos a este mundo somos tan frágiles y vulnerables que dependemos en todo y por todo de nuestros padres, y quizás más de nuestra madre, pues en ella nos hemos formado y todas las percepciones e informaciones con las que contamos nos han llegado a través de ella en forma de vivencias íntimas, a partir del nacimiento somos personas individuales, pero seguimos muy conectados a nuestra madre y necesitamos su calor, su cariño, escuchar los latidos de su corazón, pues durante mucho tiempo los hemos estado percibiendo, ha sido como una sinfonía que nunca dejaba de sonar y para nosotros es uno de los principales alimentos en forma de sonido íntimo y muy familiar. 

Todo nuestro mundo gira alrededor de nuestros padres y hermanos (si es que los tenemos), y por supuesto que confiamos en ellos, sería un motivo de pena y tristeza que un niño no pueda confiar en sus padres, puede que en la historia exista algún caso que así sea, pero se trata de la excepción.

Como personas, desde el mismo momento que llegamos a este mundo necesitamos vivir en confianza para poder ser felices aunque sea de forma mínima, si todo cuanto nos rodea es motivo de desconfianza, el miedo, la incertidumbre, y la falta de afecto, cariño etc., hará de nuestra vida un continuo padecer que por inseguridad entre otras cosas dificultará todos los procesos físicos, psíquicos y espirituales.
 
En entradas anteriores comentábamos que el afecto, cariño y resto de manifestaciones afectivas, necesitan un clima de confianza para su nacimiento, crecimiento y mantenimiento.
 
En entradas anteriores hemos comentado abundantemente que la parte más importante de una persona es su Ser, que es su alma y su espíritu y algunas otras realidades, pues bien, el Ser no es hijo de nuestros padres terrenales, es lo que nos confiere el título de hijos de Dios, aunque dicha realidad sea imperceptible para los sentidos físicos, existe en todos nosotros, y su naturaleza, en esencia, es parte del mismo Creador. 
 
Y esto quiere decir que como personas terrenales somos hijos de mujer y de hombre, pero como Seres Espirituales somos hijos de Dios, y lo mismo que confiamos en nuestros padres terrenales porque es lo mejor que tenemos en la Tierra, debemos comprender la evidencia y necesidad de confiar en nuestros Padres Celestiales, es decir, en Dios Padre y Madre, el amor que recibimos y ofrecemos en la condición de personas, no es comparable ni en calidad ni en cantidad con el Amor de nuestros Padres Celestiales, así lo pienso, así lo siento, y así lo expreso, saludos y hasta mañana.

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