Cada vez que idealizas a una persona, estás colocándola en un lugar que no le corresponde y que viene determinado por el escaso valor que te das a ti mismo. No confundas idealización con amor: el verdadero amor iguala, une, convierte el 2 en 1. La idealización separa, construye pedestales y te deja en un espacio de inferioridad respecto al ser idealizado.
Cuando realmente ames, verás al otro como tu igual y no como alguien a quien alabar, temer o seguir ciegamente. Te sentirás conectado con él y reconocerás sus luces y sus sombras por igual, sin colocarle un aura de "santidad" en la cabeza ni concederle el rol de "salvador" de tu vida. El otro, en esencia, es como tú, por mucho que tus creencias (y las apariencias) parezcan decirte otra cosa.
Asimismo, si tienes por costumbre idealizar a los demás, estás generando un caldo de cultivo muy propicio para que el maltrato, el engaño y las faltas de respeto florezcan y pasen a ser una constante en tu vida. Es lógico: cuando no eres capaz de ver tu propia luz ni de reconocer tu valor, quienes te rodean tampoco lo harán y terminarán tratándote como tú te tratas a ti mismo. De ahí surgirán (inevitablemente) las decepciones y los lamentos, y acusarás al ser que antes idealizabas de "culpable" e "hipócrita", sin darte cuenta de que, casi desde el principio, tú mismo desequilibraste la balanza en su favor.
Toma conciencia, pues, y actúa desde la coherencia: el verdadero amor empieza por ti.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López
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