En mi opinión, no somos imparciales cuando
valoramos el concepto que tenemos de nosotros mismos. (Excepto, por
supuesto, los ególatras, egotistas, egocéntricos, egoístas…)
La
tendencia habitual es la de rebajar la tasación que sería equitativa,
porque no nos han explicado bien cómo se hace del modo adecuado –y
valoramos igual un “defecto” que veinte virtudes-, y porque no hay
claridad en algunos conceptos.
HUMILDAD
La verdadera
humildad no consiste sólo en no querer ser o aparentar más de lo que uno
es; es reconocer quién es uno y aceptar ser cuanto uno sea. Es también,
por tanto, aceptar ser más de lo que uno parece ser.
Hay que
tener cuidado con la falsa humildad. Menospreciarse, depreciarse,
infravalorarse, o despreciarse, no hacen justicia a la realidad de uno.
No es más humilde el que menos se aprecia o el que menos vale.
Y cuidado con esto: ser el más humilde puede ser un asunto de ego, porque es pretender “ser más” de lo que sea.
ORGULLO
El orgullo no es siempre malo.
El orgullo natural es muy sano, y no tiene que ver con el engreimiento,
la jactancia, la presunción, la pedantería, la vanagloria, la altivez,
la altanería o la arrogancia… sino que es la satisfacción personal que
uno siente por lo que es o por lo que hace.
Y es adecuado
sentirse a gusto, y orgulloso, por los dones propios o los méritos
logrados. No hacerlo así y despreciarlos, además de ser una injusticia,
es un asunto de una humildad o modestia mal ejecutada.
LOS COMPLEJOS
Los complejos tienden a desvirtuar y falsear la realidad en un sentido negativo.
Las personas acomplejadas no reconocen ni muestran su auténtica valía y
valoración. La falta de confianza en ellos mismos les hace evaluarse
con injusta medida y, al tener su propia opinión o autoestima en contra,
el concepto que tienen de sí mismos es de menor valía que la realidad.
Al partir de un concepto negativo propio, y con ese modo suyo de minusvalorarse, es lógico que el autoconcepto sea pobre.
EL PROPIO DESCONOCIMIENTO
El conocimiento de uno en su totalidad o en su mayoría es determinante a la hora de crearse un autoconcepto objetivo.
En general, la tendencia de las personas es a notar antes y darles más
valor –aunque sea un valor negativo- a las cosas que menos le gustan de
sí mismas, por lo que, en general, afloran antes y con más intensidad
las negativas, relegando a un segundo o tercer plano las adecuadas o
buenas.
Si uno se conociera más, y se valorase justamente, apreciaría detalles que son pequeños pero valen más que los grandes.
Por ejemplo, uno es honrado por su naturaleza y decisión, pero no lo
aprecia. “Es lo normal”, puede decir. Y sí, es lo normal y es habitual,
pero no todas las personas son honradas, así que el hecho de que mucha
gente sea honrada no quiere decir que eso no sea un mérito y algo a
apreciar especialmente. Si uno tiene la norma de ser honrado eso ha de
ser valorado.
Cuando se le pide a una persona que escriba treinta
cualidades suyas se convierte en una tarea imposible. Si se le pidiera
eso mismo a una persona que nos conozca bien –que escribiera treinta
cualidades nuestras-, lo podría hacer sin gran dificultad.
LA MALA COSTUMBRE DE NO VALORAR LO QUE UNO ES O LO QUE UNO HACE
Es común la mala costumbre de no valorar en uno lo que uno es o lo que
uno hace, las cosas buenas, y menospreciar las cualidades (porque nos
parecen “normales”), utilizando una vara de medir que no es igual que la
que usamos con los otros.
Si exceptuamos a las personas que
critican a los demás despiadada e injustamente y sólo por el hecho de
reprochar con desprecio pero sin razones ciertas, el resto de personas
tendemos a ser más comprensivos con los otros que con nosotros mismos.
Lo que es una deslealtad.
Somos capaces de ver o de argumentar
razones por las que el otro falla en algún aspecto, o no actúa de un
modo correcto, y vemos y valoramos con más generosidad en los otros las
mismas cosas que nosotros hacemos.
CONFUNDIRSE CON EL ASUNTO DEL EGO
Se llega a pensar que hablar bien de uno mismo es un asunto de ego y se
llega a rechazar como “malo” todo lo que tenga que ver con el ego. Un
error.
El ego es lo que mueve el mundo –hay mucho de ego en haber
descubierto todo lo que nos ha traído hasta la situación actual de
tener tantos adelantos técnicos, por ejemplo-, y una parte del ego es la
que se encarga de que sigamos adelante y pretendamos seguir mejorando. Y
eso no es malo.
Lo que sí tiene su parte de “malo” son todas las derivaciones de ego que se relacionan al principio.
Una vez revisados y resueltos los puntos anteriores, y algún otro que
se le ocurrirá a cada uno, sería muy conveniente hacer un nuevo
inventario de uno mismo, ponerse la nota justa, y sentirse muy orgulloso
de las bondades y cualidades positivas, y sonreírse a sí mismo –con una
sonrisa de satisfacción- la próxima vez que uno se mire al espejo.
Te dejo con tus reflexiones…
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viernes, 8 de septiembre de 2023
LO QUE PIENSO DE MI (Por Emma Fernandez)
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