Cualquier
intento de controlarlas es un engaño y una ilusión. Se resistirán a
nuestros esfuerzos o redoblarán los suyos para probar que no podemos
controlarlas. Podrán adaptarse temporalmente a nuestras demandas, pero
cuando nos demos la vuelta regresarán a su estado natural. Y aún más, la
gente nos castigara por obligarla a hacer algo que no quiere, o a ser
como no quiere ser.
Ningún
control será suficiente para efectuar un cambio permanente o deseable
en otra persona. A veces podremos hacer cosas que aumenten la
probabilidad de que la gente quiera cambiar, pero ni aun eso podemos
garantizar o controlar.
Y
esa es la verdad. Es una desgracia. A veces es difícil de aceptar,
especialmente si alguien a quien amas se lastima a sí mismo o a sí mismo
y a ti. Pero así es. La única persona a la que puedes o podrás hacer
cambiar es a ti mismo. La única persona que te atañe controlar eres tú
mismo
.
Desapégate.
Renuncia. A veces cuando hacemos esto el resultado que habíamos
esperado sucede rápida, a veces milagrosamente. A veces, no sucede. A
veces nunca sucede. Pero tú saldrás beneficiado. No tienes que dejar de
ocuparte o de amar. No tienes que tolerar el abuso. No tienes que
abandonar métodos constructivos, como la intervención profesional, para
solucionar tus problemas.
Lo
único que tienes que hacer es poner tus manos emocionales, mentales,
espirituales y físicas otra vez dentro de tus propios bolsillos y dejar a
las cosas y a la gente solas. Déjalas estar. Toma cualquier decisión
que necesites tomar para ocuparte de ti mismo, pero no las tomes para
controlar a los demás. ¡Empieza a ocuparte de ti mismo!
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