No se fracasa cuando no salen las cosas como uno desea, mejor dicho, cuando uno lo anhela con el corazón. Uno fracasa verdaderamente cuando deja de intentarlo.
Lo que es humanamente posible, también lo es para uno mismo, solo que, o uno no lo anhela con todo su corazón, con toda su alma, o es qué para lo que anhela, no esta preparado.
Mientras uno sea perseverante y sepa posponer los resultados, los frutos, la consecución de lo que se anhela, mientras sea consciente de que la naturaleza no da saltos, de que los cambios, las realizaciones, son progresivas, y se manifiestan inevitablemente, cuando uno ha madurado dentro de si el objeto de eso que anhela.
Realmente en el camino espiritual, no existe lo que la mayoría de las personas considera y califica como fracaso, como fracasado. Lo que para los demás es un fracaso, para nosotros debe ser una experiencia más en nuestro camino, y al final la experiencia es el origen, la fuente de la sabiduría.
Solo aquel que no está dispuesto a entregarlo todo, a entregarse por completo a la tarea de tener continuidad de propósitos, más allá de que haya veces que los resultados no acaben de llegar, solo ese debe de sentirse desalentado, debe de reflexionar y darse cuenta de que el camino es como una carrera de fondo en la que todo es impórtante, todo importa para el aprendizaje, hasta las mínimas flaquezas, como las tentaciones de abandonar, de considerar una injusticia determinadas cuestiones, excusas que muestran la inmadurez espiritual.
Recuerda, para el viaje solo hace falta un pequeño equipaje, eso si, lleno de conciencia y voluntad.
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