Un relámpago no ilumina tu camino, no te sirve como si fuera una
lámpara en tu mano; sólo te da un fogonazo, un vislumbre del camino que
tienes por delante. Pero ese vislumbre es precioso; ahora tus pies
estarán firmes, ahora serás fuerte, ahora tu determinación de alcanzar
tu destino se verá fortalecida. Haz visto el camino, sabes que está ahí y
no deambulas sin dirección. Un fogonazo de luz y vislumbrarás
el camino que tienes que recorrer y el templo que es el destino de tu
viaje. He oído una historia de dos hombres que se perdieron en el bosque
una noche muy oscura. Era un bosque muy peligroso, lleno de animales
salvajes, muy denso y rodeado de oscuridad. Uno de los hombres era un
filósofo y el otro era un místico. De repente estalló una tormenta, las
nubes se abrían y había grandes relámpagos. El filósofo miraba al cielo,
el místico mantenía la vista en el camino. En ese momento hubo un
relámpago y el sendero se iluminó delante de ellos. El filósofo miró al
relámpago y se preguntó: "¿Qué está pasando?", perdiendo así el camino.
OSHO
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