Viene de la 2ª parte. En
uno de los días de mi etapa laboral, visité a una señora para
repararle su teléfono, tenía una casita no muy grande, pero muy bonita,
y una decoración y demás muy exquisita, ella también estaba muy
cuidada y arreglada, lo primero que me dijo al llegar, es que tenía que
perdonarle por tener todo tan desarreglado, porque trabajaba mucho y
no le llegaba el tiempo para que todo estuviera perfecto, yo le
contesté que al contrario, que era de los hogares mas bien cuidados y
limpios que solía visitar, ella seguía empeñada en que todo estaba mal,
e incluso que no había tenido tiempo de maquillarse y estaba de pena,
le dije que tampoco estaba de acuerdo, que yo la veía muy bien, ella me
seguía diciendo: le agradezco su cumplido, pero yo tengo ojos en la
cara y puedo ver la realidad.
Entonces comprendí que aquella persona
tenía un problema y por mucho que le dijera o dejara de decirle, ella
veía lo que veía, o lo que quería ver, y no aceptaba otras
valoraciones, aquella persona durante el tiempo que me llevó la
reparación, no paró ni un instante de culparse y castigarse, no
aceptaba casi nada de lo que había en su vida, decía que era una
perfeccionista y que si no estaba todo perfecto era por su culpa y por
ello se sentía muy mal con ella misma, sin duda alguna que tenía un
problema serio, en posibles y tenencias poseía mucho mas que la media
social, pero no lo valoraba, al contrario, como según ella no era
perfecto, solo le valía para quejarse, culparse y castigarse.
Durante
la etapa infantil y adolescente, si en el hogar es costumbre el
culparse y reñirse por cualquier cosa, llega un momento en que se acepta
como un evento normal, apenas si se le da importancia, y de mayores
seguiremos con la costumbre de culpar y regañar como algo absolutamente
normal, pero no deja de ser improcedente y de nefastas consecuencias.
Para
optar a un mínimo de felicidad, es necesaria la paz y la armonía, y
está claro que si por cualquier cosa nos andan a culpar, o nos culpamos
nosotros mismos, y nos castigamos, no nos aceptamos, etc., ni la paz ni
la armonía parará a nuestro lado, y la felicidad tendrá que esperar
hasta que aprendamos a tratarnos bien a nosotros y a los demás.
Hemos
de prestar mucha atención a cualquier tipo de padecimiento inútil, y
tratar de evitarlos a toda costa, los padecimientos los hay como
consecuencia de un evento o circunstancia de efectos dolorosos, y en
ocasiones es inevitable, pero hay muchos de ellos que los padecemos por
ignorancia, por egoísmo, envidias, celos, que dirán, que pensarán,
complejos, etc., por todas estas cosas se padece más de lo que parece, y
cuando se superan estas imperfecciones llega la liberación y se deja de padecer.
Otra
forma muy generalizada de actuar en error, y de gran perjuicio para
todo tipo de relaciones, incluyendo la de consigo mismo, es que siempre
que se emita un juicio de valoración sobre algo o alguien, se deben
tener en cuenta todos los elementos de juicio, los que obran a favor y
los que obran en contra, después se saca la media, y vemos si el
resultado se inclina en un sentido u otro, ocurre con demasiada
frecuencia que a veces emitimos veredicto y sentencia por el último
acontecimiento, sin tener en cuenta la trayectoria de la persona, y este
actuar conlleva que puede haber una persona que ha realizado noventa y
nueve actos correctos, y uno incorrecto, y se le juzga y reprocha solo
por el incorrecto, sin tener en cuenta la media de sus actuaciones,
que puede llegar a ser excepcional.
Esta
forma de proceder deteriora muchas de las relaciones porque solo se
toman en cuenta los fallos, y nunca los aciertos, sin duda que de
humanos es el errar, y de sabios el rectificar, todos cometemos algún
fallo en nuestro actuar, porque si no fuese así, no seríamos humanos,
seríamos dioses, y a todos nos gusta e interesa que si toman cuenta del
fallo, que también tomen cuenta del acierto, y en caso de que nos
juzguen, que incluyan las dos valoraciones.
Para ir cerrando este escrito, vamos a resumir y dar algunas indicaciones.
Todos
sin excepción ansiamos el ser felices, pero la felicidad no es algo
que nos cae encima por efecto de la ley de la gravedad, ni que
tropezamos con ella por casualidad, la felicidad es en parte del
patrimonio que nos corresponde como consecuencia de nuestro pensar,
sentir y actuar, si nuestro pensar, sentir y actuar es correcto y obra a
favor del bien hacia todo y hacia todos, todo y todos nos lo
agradecerán, y nos devolverán de alguna forma todo o parte del bien
recibido, (salvo la excepción) y cuidarán de nosotros porque somos una
fuente de buenas vibraciones para todos ellos, y cuando apreciamos que
nos cuidan, que nos quieren, nos ayudan y desean nuestro bien, nos
ayuda a sentirnos felices.
Para
informar y resaltar lo bueno y conveniente de algo o alguien, no
tenemos que poner como ejemplo lo malo e inconveniente de otro algo o
alguien.
Una
de las formas de amarse, cuidarse y ayudarse, es no culpar si se puede
evitar, y no permitir que nos culpen si no es estrictamente necesario
y con fundamento.
Estoy
seguro de que me quedarán muchas cosas importantes por decir respecto a
la culpa, pero en estos momentos no se me ocurre nada de importancia y
por tal motivo lo doy por terminado, informándote de que todo lo
expuesto solo son ideas de una persona respecto al tema en cuestión.
Saludos.
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