viernes, 15 de diciembre de 2023

EL SER HUMANO ES, POR EXCELENCIA, UN ANIMAL SOCIAL 1ª Parte (Por Estel Giro)

 

Llevado por el movimiento incesante de la globalización de los intereses, de las luchas, de los comportamientos dictados por los Medios alucinado por la automatización propuesta por el sistema vigente en la sociedad, el individuo se ve empujado para donde y con quien no mantiene ningún trazo de afinidad o pensamiento común, atendiendo más a las imposiciones arbitrarias de la situación que a la autosatisfacción a que aspira.
Sintiéndose la personalidad agredida por los valores que le son impuestos sin conveniente libre lección, la cual le proporcionaría equilibrio, el trastorno comportamental se le instala, frente a la dicotomía entre aquello que siente y lo que debe demostrar, de forma para estar en armonía con el grupo social siempre exigente y extravagante.
El ser humano es, por excelencia, un animal social, como consecuencia inevitable de su instinto gregario, que necesita del otro para la sustentación de las necesidades que lo constituyen. Sin embargo, su individualidad no puede sucumbir en el abismo de las situaciones existentes, que no le concedan compensaciones emocionales.
Hay funciones psicológicas que no pueden ser descuidadas sin graves consecuencias, como la intuición, la creatividad, la voluntad, que se exteriorizan en el apoyo de la psique humana, que es el Espíritu.
Los individuos son diferentes entre sí, en razón de su proceso evolutivo, presentando tendencias, comportamientos y necesidades específicas. Establecer técnicas y ética de comportamiento psicológico asentadas en la experiencia con algunos biotipos, es conspirar contra su salud emocional, ya que los valores que a unos llenan las carencias, para otros, pasan sin ninguna significativa emoción.
Hay conflictos que vuelen en el interior del ser humano y no siempre son descubiertos con la serenidad y el cuidado que merecen, como la ambivalencia, la tendencia a la inercia de algunos – indiferencia a nuevas conquistas y a la alteración del comportamiento – mientras otros buscan la aventura, la afirmación de valores, la seguridad. Ocurre también el surgimiento de nuevos impulsos, que se presentan como necesidades urgentes que pretenden la superación de las anteriores. Y esos fenómenos toman cuerpo en los momentos de definición de rumbos, en los periodos de la adolescencia en tránsito para la edad adulta, y de esa para la vejez, especialmente abarcando las aspiraciones religiosas, las espirituales…
El ser humano es una unidad orgánica, sin duda, pero que no puede ser comparada al fenómeno que ocurre con la célula en la armonía del cuerpo somático, que se somete a los impositivos del conjunto, a fin de que en lo mismo se presente saludable. Esa unidad orgánica, diferentemente de la célula, piensa y tiene sentimientos propios, que al ser canalizados para su bienestar y el equilibrio del grupo social. No disponiendo de medios para expresarse en su realidad funcional, ese individuo huye para comportamientos alienados, como única forma de dar movimiento a su realidad.
Se observa, en consecuencia, que la sociedad como un todo se encuentra desestructurada, sin fundamentos seguros, definidos, capaces de permitir su propio engrandecimiento. Sus conquistas se han establecido más realizaciones tecnológicas y científicas, en perjuicio de aquellos otros de naturaleza emocional armónica, estética, espiritual.
El abarrotador de equipos electrónicos creó la fantasía de la facilidad, de la riqueza, de la ambición en un mundo que sería destituido de problemas, al mismo tiempo en la conquista no ha trabajado en favor de muchos de los más importantes nuevos desafíos, porque son profundos las dilaceraciones emocionales. Frente a esa conducta, irrumpen en la sociedad la violencia, la agresividad, la falta de respeto al ciudadano, la pérdida de su espacio, el miedo, la inseguridad amenazadora, la fuga para las fortalezas domésticas, la ansiedad, la desconfianza…
Tales ocurrencias apartan al individuo de sí mismo, no enseñándole sus objetivos fundamentales de la existencia, llevándolo a la pérdida del contacto con su realidad interior, afectada por las situaciones externas.
La vida en sociedad no puede expulsar el interés de la búsqueda de la individualidad de cada uno de sus miembros, tornándolos confusos y estandarizados en una escala común. Para que la misma sea lograda, es necesario que se rompan las amarras de los exagerados vínculos sociales, esto es, de los compromisos sin significado, pueriles y de pequeña duración, resultantes de los caprichos extravagantes de los formadores de la opinión. Continúa en la 2ª Parte.
 
 

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