No temas. No te escondas ni te calles. Yo sí te puedo escuchar y sí comprendo lo que sientes. Sé qué por mucho tiempo te has preguntado el porqué de varias situaciones que te han causado dolor y desesperanza. Es que tu alma está tallada a base de esa sensibilidad propia de la infancia, llena de ilusiones y sueños que ni el brujo más malvado puede aquietar.
Vine a dejarte un mensaje para que abraces hasta que crezcas y no lo sueltes. Ahora cierra los ojos y siente:
Cuando nadie escuche tus buenas noticias, yo sí estaré ahí y en el futuro serás la encargada de darlas tú a quiénes más las necesiten.
Cuando esperes demasiado esa muestra de atención que no llega, en realidad la vida te estará regalando una enseñanza: le dedicarás tú el tiempo que deseas a las personas que te valoren de verdad y así podrás crear lazos auténticos y especiales.
Cuando la soledad te agobie y no la comprendas, déjame decirte que tendrás momentos de introspección para escuchar tu voz interior.
Estarás tan lleno/a de amor que no habrá rincón de tu mundo que se olvide de ti.
Y cuando pienses que tus sueños son inalcanzables, aprieta los puños, frunce el ceño y repite en silencio: “vine al mundo a ser feliz y a cumplir lo que me pide el corazón. Nada ni nadie se opondrá en mi camino hacia la felicidad. Estoy seguro/a lo lograré. 

Tu voz llegará hasta donde tú quieras y eso que parecía imposible sucederá. Eres y seguirás siendo ese/a niño/a de mirada transparente que hoy descubrió que su aparente fragilidad era el puente para alcanzar lo que el universo le ha prometido” 

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