Hemos desterrado a Dios de todos los altares, de todas las religiones y hemos encumbrado uno nuevo, poderoso, visible y real.
La gente vive por el, mata por el, es capaz de cualquier hazaña, de perder su dignidad, de cualquier locura.
Tiene más fanáticos que todos los grupos político o religiosos y lo aman a morir.
Ha creado nuevas normas morales donde "todo vale" y " todo es posible", el fin justifica los medios, si se trata de tenerlo.
Lo vemos a diario en todos los niveles y en todos los estratos sociales. No hay límites de ningún tipo.
No importa la familia, el apellido, no hay moral, dignidad ni normas. Todo es factible, todo es posible.
El nuevo ídolo máximo, Dios moderno se llama dinero.
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