Lo que sucede afuera no lo controlamos, lo interpretamos.
Lo que sucede adentro es lo que pensamos consciente o inconscientemente a través de los juicios de nuestro ego.
En ambos casos, tenemos el poder y la voluntad de cambiar nuestra mente, de dirigirla, de hacernos responsable de lo que pensamos y de responder a los eventos externos de manera consciente.
Lo que sucede afuera no lo podemos controlar, pues es una flecha que ya se disparó, una piedra que ya se lanzó.
Lo que vemos afuera es un reflejo, una proyección de nuestros miedos, creencias y deseos, pero la causa está en nuestra mente y solo en nuestra mente.
Nuestra mente puede parecer un torbellino que nos arrastra hacia el desastre en momentos de furia o miedo. Pero podemos tomar el control a través de la quietud, la auto-observación y el perdón.
Aunque no podemos controlar lo que sucede fuera, sí tenemos la capacidad de gestionar nuestras reacciones y pensamientos internos.
Al comprender y transformar nuestros pensamientos, podemos encontrar paz y serenidad incluso en medio de la adversidad.
Los eventos externos pueden ser gratificantes y apacibles, como cuando contemplamos un paisaje, o impredecibles y fuera de nuestro control, como el clima o los desastres naturales,
Así como un jardinero cultiva su huerto, nosotros podemos cultivar nuestra mente, eligiendo que pensamientos permitimos que florezcan y cuáles dejamos marchitar.
En el teatro de este mundo, somos los directores de nuestra propia mente y los protagonistas de nuestras experiencias; el escenario externo puede cambiar y convertirse en una tormenta devastadora, pero la verdadera obra maestra surge de nuestro interior, desde cuyo silencio brotan las soluciones más sabias y amorosas.
Elige controlar solo lo que sucede dentro de ti pues lo que sucede afuera es un espejismo, algo que pudo ser de otra manera, pero ya no lo es.
Inicia ahora mismo el viaje hacia tu interior a través de la práctica de la atención plena, observando tus pensamientos sin juzgarlos y cultivando una mente serena y compasiva. Al hacerlo, transformarás tu mundo interior y, por extensión, tu mundo exterior.
Obsérvate, corrígete, y crea una nueva realidad, en la que asumes la dirección de tu mente, y lo que veas afuera será un hermoso reflejo de tu amor y tu paz.
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