En mi opinión, una de las cosas que le dan un valor superior a la vida es la cantidad de momentos importantes que nos aporta.
Son momentos que pueden alcanzar la categoría de mágicos, extraordinarios, emocionantes, enternecedores… incluso milagrosos.
Están ahí. Algunos suceden aunque nosotros no hagamos nada para
provocarlos, y tienen ya por sí mismos esa importancia que los convierte
en despampanantes.
En otras ocasiones somos nosotros los que los
causamos, los que hacemos lo necesario para crearlos, quienes ponemos
los medios y la atención para que sucedan.
Hay muchos de estos
momentos magníficos que nos pasan desapercibidos entre la rutina y
nuestra habitual falta de atención, y es una lástima que no los
apreciemos mientras suceden porque son irrepetibles, y darse cuenta
tarde de la oportunidad perdida acarrea una pequeña o grande
frustración.
Hay otros de estos momentos especiales que los
tenemos que crear nosotros, porque tenemos a nuestro favor y entre
nuestras posibilidades la capacidad maravillosa de hacerlos realidad, y
porque el valor no siempre lo tienen ellos por sí mismos, sino que somos
nosotros los que podemos calificar y entender como extraordinarios
aquellos que también podrían pasar desapercibidos y sin aportarnos
fascinación.
Lo peculiar que tienen los momentos importantes es
que no siempre avisan para que seamos del todo conscientes de ellos. Y,
por eso a veces nos los perdemos.
Es conveniente tomar la
decisión firme de estar atentos, vigilantes, con un centinela alerta que
nos avise ante la mínima sospecha de que un momento puede salirse de lo
cotidiano –aunque incluso los momentos cotidianos son especiales- y
puede convertirse en mágico.
Si nos ponemos a recordar, podremos
comprobar que algunos de esos momentos que tenemos catalogados como
exclusivos son momentos que no difieren mucho de otros similares excepto
en… que se les prestó una atención más concienzuda.
El sol se
pone todos los días, todos los días hay pájaros y flores, llueve a
menudo, pero… si uno se detiene frente a una puesta de sol y se abstrae
de cualquier distracción y se concentra en la maravilla del sol, del
horizonte, del mundo, de la vida…ese momento adquiere otra magnitud.
Si uno se para a escuchar los trinos de los pájaros aislándolos del
resto de sonidos o ruidos, y se centra en el monólogo incomprensible de
su gorjear, deja de ser la algarabía que se mezcla con el resto
bullicioso y destaca entre todo ello, como un cantante en una aria.
Si uno se para, se queda atento a lo que le rodea, absorto, y pronuncia
con consciencia “LA VIDA”, y escucha en su interior el eco de lo que ha
dicho, y permite a su pensamiento que siga la estela de todo aquello
que ha removido en su interior la toma de conciencia con respecto a esto
que hacemos en cada instante sin darnos cuenta, que es la maravilla de
vivir –cuando podría ser VIVIR-, que es la vida –cuando podría ser LA
VIDA-, de pronto todo adquiere otra grandeza, parece como si uno se
trasladara en el espacio-tiempo y estuviese en otra dimensión donde LA
VIDA tiene otro volumen y otra intensidad, y los cantos de los pájaros
otra musicalidad, y el sol deja su espacio y pasa a formar parte de uno
mismo.
Los momentos que se ganan el calificativo de IMPORTANTES son los que le dan a nuestra vida otra magnitud.
Repito: no tienen que venir ya cargados de una importancia innegable,
sino que pueden ser producto de nuestra atención y nuestra intención.
Nosotros podemos ser creadores de la magia y el milagro que convierten a los momentos ordinarios en momentos extraordinarios.
Nosotros, y nadie más, somos los encargados de valorar o desprestigiar
cada momento en función del adjetivo que le adjudiquemos.
Nosotros somos, por tanto, responsables de enriquecer nuestra biografía con momentos importantes.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 1 de septiembre de 2024
LOS MOMENTOS IMPORTANTES (Por Emma Fernandez)
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