En mi opinión, y en la de muchas otras personas que han estudiado
este asunto, con la educación que nos dan en la infancia vamos formando
un modelo o un personaje que trata de dar satisfacciones a los otros,
cumpliendo más o menos el prototipo que nuestros padres han diseñado
para nosotros sin contar con nosotros, o el que han considerado
apropiado para vivir en esta vida, y obedeciendo a todo ello uno deja de
fomentar ser él mismo para ser quien se espera que sea.
Todo
esto es inconsciente, por supuesto, y se hace en una edad en la que uno
no sabe quién es él mismo de verdad, ni es consciente de que por estar
siendo aquel que desean los otros está pagando el precio de dejar de ser
él mismo.
Uno vive entonces siendo un personaje más o menos
central que a su vez se subdivide en diferentes personajes que van
cambiando en función de con quién se encuentra en cada momento o qué
personaje es el adecuado para satisfacer al otro o cumplir sus
expectativas.
Si uno se observara a lo largo de los días
-saliéndose de sí mismo- podría comprobar cómo van cambiando sus
actitudes, y sus estados de humor o de carácter.
Podría comprobar
las diferentes caretas que se va poniendo y quitando a lo largo del
día, y los diferentes personajes que encarna.
Y esto no es malo
cuando se hace consciente y naturalmente. Uno puede ser él mismo cuando
está siendo un padre amoroso, una mujer fogosa, un hijo atento, una
dependienta amable, un cristiano fervoroso, y en todas las otras
diferentes facetas de su vida.
Y uno también puede dejar de ser
un poco él mismo, pero si es durante un tiempo y siendo consciente de
ello. Por ejemplo, si eres un dependiente y viene un cliente pesado o
desagradable, y la norma de tu empresa es “el cliente siempre tiene
razón”. Aunque no estés de acuerdo, tendrás que atenderle bien y darle
la razón. Pero no eres tú quien le da la razón, sino el dependiente
eficiente que tiene que mantener ese puesto de trabajo. El
personaje-dependiente.
Tú no has renunciado en ese momento a ser
tú mismo, sino que durante un tiempo –y sin dejar de ser tú mismo- has
sido exclusivamente el dependiente.
Lo mismo que pasa esto, puede
pasar exactamente lo contrario, que sería inventarse un personaje que
está por encima de tus posibilidades y tu realidad, que es pura ficción,
pero que se atreve a hacer o decir lo que tú, siendo tú, no te atreves a
hacer o decir. Una especie de Súper Tú. Y esto es peligroso.
Lo más adecuado es ser el que realmente eres.
Uno ha de admitir quién es, o lo que es.
No es lo adecuado eso de ir creando más y más personajes para utilizar
dependiendo de cada momento –que puede ser útil si se controla y se es
consciente-, sino que lo adecuado es persistir en el descubrimiento de
uno mismo, y en la realización personal, en el mejoramiento de ese que
uno esencialmente es.
Cambiar, no. Descubrirse, sí.
Eso
que llamamos cambiar, en la mayoría de las ocasiones sólo es sustituir
un modelo por otro, o tratar de arreglar uno de los personajes, y eso
reincide en la expansión de lo que no somos nosotros.
Lo adecuado
es acercarse al que uno es –el esencial, el potencial, el auténtico- y
no insistir en potenciar el que uno está siendo –el circunstancial, el
inventado, el que se manifiesta en nombre nuestro-, y entonces
desarrollar hasta lo máximo posible cada una de las cualidades y
virtudes que nos componen.
No quieras ser otro ni ser de otro modo.
Sigue en la búsqueda, sigue hasta el encuentro contigo, que nada te
frene, no desfallezcas… al final de esa tarea estás tú, TÚ de verdad,
esperándote con los brazos abiertos.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
sábado, 2 de noviembre de 2024
¿PORQUE QUIERES SER EL QUE NO ERES) (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario