En mi opinión, y aunque es algo que yo también he deseado o intentado en
algún momento, resulta imposible huir de uno mismo. En más de una
ocasión me he encontrado deseando no estar conmigo, no tener que verme y
soportarme algunos días, o directamente renegar de mí, llegar casi a
odiarme, sentirme indigno, o arrepentirme y hasta avergonzarme. Y es
posible que a ti te haya pasado esto mismo y me comprendas.
Es lo
que les pasa a quienes tienen marcado un deseo de perfección o una
excesiva auto-exigencia y también a los que tenemos una firme voluntad
de Mejoramiento Personal que se siente decepcionada cuando fallamos.
La
realidad es que cada vez que nos enfadamos nos sentimos tristes e
incómodos durante un tiempo más o menos largo, aunque después tenemos
que retomar en algún momento la relación. Y se retoma manteniendo aún
una cara larga y una mueca seria de cemento.
No hay sitio al que
huir ni forma de hacerlo, salvo con el pensamiento, en la imaginación, o
con una distracción; no podemos huir de nosotros y la única opción
válida y efectiva que nos queda es la reconciliación. Antes o después
hay que volver a uno mismo, entrar en uno mismo, hablar con uno mismo y
llegar a acuerdos de comprensión y aceptación –a pesar de todo- para
seguir con el Mejoramiento. Tal vez es buena idea negociar ser un poco
menos auto-exigente, o tal vez haya que negociar serlo aún más, porque
cada caso de cada persona es distinto y los motivos para el enfado son
millones.
Volver. Y volver con ánimos nuevos, con toda la buena
voluntad, con la exigencia y la benevolencia a mano porque en unos
momentos habrá que utilizar una de ellas y la otra en otros momentos.
Una de cal y una de arena. Ni excesivamente rígidos ni demasiado
permisivos. Es un equilibrio delicado en el que hay que entrenarse para
que el amor y el cuidado y el respeto estén presentes al mismo tiempo
que la responsabilidad y un poco de exigencia. Por lo visto tenemos que
estar auto-educándonos continuamente.
La respuesta a cualquier
situación o conflicto no es la huida. La realidad de las huidas es que
vayas donde vayas te encuentras con que tú sigues estando. No es nunca
una solución. La solución puede surgir del reconocimiento, del darse
cuenta, del aceptarlo y al mismo tiempo desear cambiarlo, de las
decisiones valientes y de la persistencia en el empeño hasta resolverlo.
La huida puede llegar a ser un alivio pero nunca una solución.
Lo
valiente es quedarse en el sitio. Aguantar. Estar. Y entonces mirar
cara a cara al asunto que haya que resolver. Lo valiente es desprenderse
del miedo y llenarse de un arrojo sensato y medido, porque no se trata
de arrasar y destruir sino de resolver.
Sí es apropiado alejarse
mentalmente del asunto, separarse para verlo desde fuera porque así se
consigue objetividad. Los problemas nunca se resuelven desde dentro del
problema: hay que salirse de él. Sí está bien separarse y descansar para
cargar fuerzas si es que el asunto no es urgente.
Cómo hayamos
afrontado lo que era el motivo del deseo de huida nos dará pautas de
cómo tenemos que actuar en la próxima ocasión que nos veamos en una
situación similar. Ser honesto, sensato, equilibrado, valiente, tenaz, y
tener Amor Propio, son elementos que podemos utilizar para resolver los
asuntos sin huir.
“Y una vez que la tormenta termine, no
recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás
seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es
segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que
entró en ella. De eso se trata esta tormenta.” (Haruki Murakami)
Te dejo con tus reflexiones…
domingo, 16 de febrero de 2025
NO SE PUEDE UÍR DE UNO MISMO (Por Francisco de Sales)
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