miércoles, 16 de abril de 2025

LA ADICCIÓN A LA ATENCIÓN (Por Juan Antonio Portillo)

 

 Hola ¿Cómo estás? deseo que de maravilla.
Hoy quiero hablarte de una adicción silenciosa, socialmente aceptada, incluso aplaudida.
Una que se disfraza de simpatía, carisma, productividad o entrega constante a los demás… pero que esconde un vacío profundo:
La adicción a la atención.
No hablo solo de quienes publican todo en redes o buscan likes.
Hablo de ti, de mí, de todos nosotros cuando, sin darnos cuenta, necesitamos que alguien nos mire para sentir que existimos.
Cuando confundimos ser vistos con ser amados.
Todo empieza muy temprano…
Desde que somos pequeños, el amor no siempre se nos ofrece de forma directa o incondicional. A veces, cuando lloramos, nos dicen que no hagamos tanto drama.
Cuando nos expresamos, nos piden que bajemos la voz.
Y cuando logramos algo, entonces sí recibimos un “muy bien, qué orgulloso/a estoy de ti”.
Así, sin darnos cuenta, empezamos a asociar la atención con el amor.
Si me miran, existo.
Si me aplauden, valgo.
Si no me prestan atención… ¿qué soy?
Y ahí empieza la trampa.
Porque el niño o la niña que fuimos se adapta. Aprende a destacar, a hacer reír, a ser el más responsable, el más fuerte, el más dulce, el más rebelde. Lo que sea necesario para que no dejen de mirar.
Nos volvemos expertos en mendigar migajas de validación
De adultos, este patrón se vuelve tan automático que ni lo vemos. Algunos ejemplos comunes:
Publicas algo en redes y revisas cada 10 minutos si alguien le ha dado “me gusta”.
Dices que “no necesitas a nadie”, pero te duele profundamente si no te contestan un mensaje rápido.
Entras a una sala y necesitas gustar, caer bien, destacar… aunque por dentro te sientas agotado/a.
Te cuesta estar en silencio, solo/a, sin compartir nada con nadie.
Cambias tus opiniones, gustos o planes con tal de que no te rechacen o se alejen de ti.
Todo esto es comprensible.
El problema no es querer atención: es necesitarla para sentir que eres suficiente.
El precio de vivir así es altísimo
Cuando tu identidad depende de la mirada del otro, vives en constante estado de ansiedad.
Eres como un actor que no puede bajar nunca del escenario.
¿Y qué pasa cuando las luces se apagan?
👉 Te derrumbas.
👉 Sientes que no vales nada.
👉 Entras en relaciones desequilibradas, donde das demasiado con tal de no ser ignorado/a.
👉 Tienes miedo de mostrar tu vulnerabilidad, por si ya no te admiran.
👉 Y, sobre todo, te desconectas de ti. De lo que realmente quieres, necesitas, o disfrutas cuando nadie te está mirando.
Esa adicción a la atención te convierte en alguien dependiente, atrapado en un personaje que no eres tú, sino el que aprendiste a interpretar para sobrevivir.
Y aquí está lo más doloroso: cuanta más atención externa buscas, más vacío te sientes por dentro.
Porque ningún “like”, ningún cumplido, ninguna mirada puede llenar ese hueco que viene de una carencia de amor propio.
¿Cómo empezar a salir de esta dinámica?
Esto no se soluciona con dejar las redes sociales o meditar cinco minutos al día. Es un trabajo más profundo.
Pero hay caminos:
Obsérvate sin juicio. Cada vez que sientas ansiedad por no recibir atención, no te castigues. Pregúntate: ¿qué parte de mí se siente sola? ¿qué necesita realmente?
Valida tu experiencia interna. Empieza a tomar decisiones desde lo que tú sientes, no desde lo que esperas que los demás aprueben.
Cuida tus momentos de intimidad contigo. Aprende a disfrutar de estar contigo, sin tener que mostrar nada a nadie.
Atrévete a ser honesto. Con tu cansancio, tus límites, tus emociones reales. No hace falta impresionar a nadie.
Rodéate de personas que te vean incluso cuando no estás brillando.
Al final, se trata de volver a ti
No eres tu cuenta de Instagram.
No eres tus logros.
No eres el personaje simpático, fuerte, dulce o exitoso que creaste para sobrevivir.
Eres tú.
Con tus luces y sombras. Con tus silencios. Con tu corazón vulnerable que solo pide ser abrazado, no aplaudido.
Y cuando aprendes a darte esa mirada amorosa a ti mismo, entonces sí… estás libre.
No porque ya no te importe que te vean, sino porque has dejado de necesitarlo para existir.
C. B. R.

No hay comentarios:

Publicar un comentario