En mi opinión, todos
estamos expuestos a tener en algún momento una discusión con otra
persona. Si es leve, relacionada con lo cotidiano de las relaciones, es
muy posible que desaparezca pronto y sin dejar huella. Si es grave, o si
es algo muy reiterativo, necesita de nuestra atención y de encontrar
una solución.
Cuando ha habido una discusión grave, conviene
revisar con objetividad qué es lo que ha pasado realmente, con el máximo
detalle, y no sólo para encontrar el “culpable” –si hay una discusión
es posible que los dos hayan tenido una parte de culpa, aunque uno de
los dos se haya acalorado más que el otro-, sino para saber con claridad
qué fue lo que lo desencadenó, y si realmente es algo tan grave como
para haber terminado enfadado con la otra persona. Para tener aún más
objetividad es conveniente dejar que pase un poco de tiempo, ya que el
acaloramiento del momento puede impedir que se instale la imparcialidad
requerida. Algo de tiempo y distancia es bueno, porque al principio
puede parecer que todo es culpa del otro.
Analizar lo sucedido ha
de servir para darse cuenta de cuándo uno dejó de actuar del modo que
considera conveniente –aunque fuese el otro quién inició la disputa-. La
base del Desarrollo Personal está en el propio autoconocimiento.
Cuando se observe lo que pasó, hay que tener en cuenta al otro.
Comprender su modo de actuar –aunque aparente ser injustificable-. Hay
que valorar –aunque no siempre estar de acuerdo- su punto de vista, sus
circunstancias, su “necesidad” de provocar lo que provocó, incluso tener
en cuenta –aunque cueste aceptarlo- su dignidad.
A partir de ahí
uno decide si quiere reconciliarse con esa persona, porque no es algo
obligatorio. Es posible que la reflexión sirva para darse cuenta de que
el otro no aporta nada positivo y que es mejor no continuar con la
relación. Hay que tener en cuenta, si la decisión es la de no
reconciliarse, que las razones sean verdaderas y que no sea simplemente
una rabieta del ego.
Cuando uno ya tiene claro cómo fue la
actuación propia, y si lo desea, es cuando se puede producir el
encuentro con el otro. Conviene tener decidido –y hasta ensayado
preferiblemente- qué se va a decir y cómo. Ese encuentro ha de ser un
acto de comprensión y conciliación y no una guerra de reproches.
Comprensión por ambas partes, perdón por ambas partes y aprendizaje por
ambas partes. Conviene hablarlo para aprender la lección implícita en el
suceso y comprometerse –con el otro y consigo mismo- para que no vuelva
a pasar. Y es necesario perdonarse a sí mismo y perdonar al otro.
Y cuando hables… expresa tus sentimientos y pensamientos abiertamente, y escucha al otro de un modo activo y con empatía.
Cuando a raíz de una discusión se produce un alejamiento, el que da el
primer paso para la reconciliación es el más inteligente.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
lunes, 14 de abril de 2025
RECONCILIACIÓN, DA EL PRIMER PASO (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario