Seguramente
en más de una oportunidad habrás escuchado que los límites solo se
encuentran en nuestra mente y que todo lo que nos propongamos alcanzar
podemos lograrlo y esto no siempre es así.
En
primer lugar, los límites no se encuentran únicamente en nuestra
mente y, en segundo lugar, es importante que, en ocasiones, seamos
capaces de ponernos límites para poder protegernos.
El
principal riesgo de no ponernos límites en una sociedad que, nos está
empujando constantemente en post de la productividad y el éxito, nos
conduce a un cansancio elemental, que no es un simple agotamiento
físico sino un cansancio del alma.
Tener
afán de superación y aspirar a prosperar es positivo. El problema
comienza cuando nos exigimos cada vez más sin darnos tiempo para el
descanso y el silencio, sin ponernos límites saludables, obligandonos a
ir siempre un paso más allá.
Unos
límites saludables, en cambio, impedirán que el trabajo se apropie de
nuestra vida. Nos permiten tomar las riendas y decir “no” cuando no
queremos algo y “sí” cuando lo deseamos o necesitamos.
Ese
tipo de límites que nos ponemos a nosotros mismos no son negativos,
son un acto de amor y respeto. Cuando los establecemos lo hacemos bajo
el entendimiento de que no tenemos que sucumbir a las presiones
sociales, porque tenemos claras nuestras metas. Al mismo tiempo estos
límites nos mantienen más seguros y saludables e incluso pueden
permitirnos disfrutar de la vida con una actitud más relajada y
consciente.
¡Feliz domingo! 
No hay comentarios:
Publicar un comentario