La espiritualidad también puede polarizarnos.
Cuando nos dicen:
“Haz esta kriya y erradicarás el ego”
“Debes ser vegetariano para ser un buen yogui”
“Sube la vibración, no te quedes en lo denso”
“El miedo bloquea tu abundancia”
“El deseo es una trampa”
“El apego impide tu iluminación”
“Si vibras alto, atraerás solo cosas buenas”
…y otras frases con apariencia de luz, sin darnos cuenta, podemos empezar a rechazar partes esenciales de nuestra humanidad.
Desde ahí, comenzamos a meter en la sombra el miedo, el deseo, la rabia, la tristeza, la duda… todo lo que no encaja con esa imagen "elevada" que creemos que deberíamos ser.
Pero lo que reprimimos no desaparece. Solo se esconde. Se distorsiona. Se vuelve inconsciente. Y desde ese rincón oscuro, actúa. En nombre de la espiritualidad, el ego se fortalece.
Porque el problema no es el miedo, ni el deseo, ni el ego.
El problema es dejar de mirarlos, negarlos, rechazarlos, juzgarlos.
Eso también es violencia.
La verdadera espiritualidad no se trata de evitar lo oscuro, sino de sostenerlo con conciencia.
No se trata de erradicar el ego, sino de conocerlo.
No se trata de eliminar el deseo, sino de habitarlo con presencia.
No se trata de brillar, sino de integrar todas las partes.
Lo que no aceptas, te controla.
Lo que abrazas, se transforma.
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