No viniste a este mundo para ser el parche emocional de una mujer o un hombre inestable.
No estás para contener explosiones internas que ni siquiera provocaste.
No estás para apagar fuegos que no encendiste.
Tu energía es sagrada.
Tu visión es prioritaria.
Tu paz no es negociable.
Y sin embargo, muchos hoy viven atrapados en relaciones que los consumen, que los desgastan, que los drenan lentamente, mientras intentan “salvar” a una mujer o un hombre que no pidió ayuda, pero tampoco quiso sanar sola/o.
¿Te suena?
Tú das y das, esperando que cambie.
Toleras faltas de respeto.
Te conviertes en terapeuta, madre, padre, psicólogo, salvador…
Y te olvidas de ti.
Si estás ahí, necesitas despertar ya.
Una relación no puede construirse sobre heridas abiertas ni sobre expectativas irreales de que tú vas a “curarla” con amor.
Eso no es amor.
Eso es codependencia.
Eso es abandono de ti mismo.
El verdadero amor no se arrastra, se comparte.
No se impone, se construye.
No es sacrificio eterno, es alianza consciente.
¿Y sabes por qué caes en eso?
Porque aún no has construido el pilar central de tu vida: TU IDENTIDAD.
Porque aún no te has transformado en ese hombre o mujer firme, claro/a, enfocado/a, que no se deja arrastrar por el drama emocional de nadie.
Porque aún no conoces el poder de tu energía masculina y femenina cuando está bien canalizada.
Porque todavía confundes responsabilidad con rescate.
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