Arréglate todos los días, no para los demás, sino para ti. Es un acto de amor propio, una manera de recordarte: yo también importo. Aunque estés en casa, aunque el cansancio pese, date ese tiempo. No necesitas ropa de marca ni grandes lujos, solo actitud, cuidado y respeto por ti misma. Peinarte, vestirte bien, ponerte un perfume que te guste… son gestos que alimentan tu autoestima y te recuerdan que mereces sentirte bien. Tu imagen no es vanidad, es el reflejo de cómo te estás tratando por dentro. Cuando te ves al espejo y te gusta lo que ves, tu energía cambia, tu ánimo se eleva y todo lo que haces fluye distinto. No lo hagas por aprobación, hazlo para honrar a la persona más importante de tu vida: tú…
Rebelde
No hay comentarios:
Publicar un comentario