Hay una verdad dura que a muchas madres nadie les dice:
los hijos crecen, hacen su vida… y algunos quieren seguir mandando en la tuya.
Te dicen que no vendas tu casa,
pero no pagan tus deudas.
Te piden que “aguantes”,
pero no cargan tu cansancio.
Quieren decidir por ti,
pero no vivir tus miedos, tus noches solas ni tus cuentas atrasadas.
Y no, eso no es amor,
eso es comodidad ajena disfrazada de preocupación.
Criaste hijos para que fueran libres,
no para convertirte tú en prisionera de sus opiniones.
Tu casa no es un museo de sacrificios,
es un recurso, una oportunidad, una elección.
Y tu vejez no es para “esperar sentada”,
es para vivirla con dignidad, paz y un poco de felicidad… por fin.
Amar a los hijos no significa renunciar a tu bienestar.
Ser madre no te quita el derecho a decidir, a vender, a cambiar, a descansar.
El verdadero amor no controla, acompaña.
No exige, respeta.
Porque llega un punto en la vida
donde elegirte no es egoísmo…
es supervivencia emocional.
---Mendoza male
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