Un materialista tiene muy poco poder en el plano de los pensamientos y sentimientos, porque se identifica demasiado con el mundo físico, material: no tiene fe en las posibilidades del mundo interior, e incluso trata de borrar las huellas de dicho mundo.
Evidentemente, puesto que el espiritualista tiene posibilidades de cambiar la corriente de sus pensamientos y de sus sentimientos, de transformar su tristeza en alegría y su desaliento en esperanza, el peligro que corre consiste en creer que puede cambiar tan fácilmente el mundo exterior. ¡Pues no! Con nuestras facultades psíquicas podemos entrar en contacto con el mundo espiritual y vivir allí en la luz, el amor, la alegría. Este mundo es una realidad, pero no una realidad concreta, material. El mundo objetivo y el mundo subjetivo existen uno y otro, y no hay que confundirlos sino conocer las correspondencias que existen entre ellos para ajustarlas
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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