viernes, 15 de noviembre de 2024

LA LECCIÓN DE AMOR PROPIO DE LILI (Por Mujeres Fuertes y Valientes)

 

Había una ardilla llamada Lili, con grandes ojos curiosos y una cola esponjosa que siempre ondeaba con el viento mientras saltaba de árbol en árbol. Un día, Lili conoció a un zorro blanco de mirada tranquila y porte sereno que caminaba por el bosque. Él se llamaba Zénon.
Mientras charlaban y compartían avellanas, Lili comenzó a sentir algo especial por Zénon. Así que, armándose de valor, le preguntó:
—¿Pero tú me amas?
Zénon, con una sonrisa suave, negó con la cabeza.
—No, Lili, no te amo —respondió con calma.
Lili arrugó el ceño, sintiendo un nudo en su pecho y comenzó a rascarse las patitas, como hacía siempre cuando se sentía lastimada.
Zénon la observó un momento, como si pudiera leer sus pensamientos, y continuó:
—¿Ves? Ahora mismo estás pensando qué te hace tan imperfecta, qué has hecho mal para que no pueda amarte al menos un poco. Y es justo por eso que no puedo amarte. No siempre te amarán, Lili. Habrá días en los que las personas estarán cansad@s, enfadad@s con el mundo, distraíd@s en sus pensamientos, y quizás te hieran sin querer.
Lili lo escuchaba atentamente, aunque las palabras dolían.
—Porque, Lili —prosiguió el zorro—, a veces la gente daña sin darse cuenta, o sí dándose cuenta te dañan porqué es lo qué llevan en su corazón y no son capaces de admitirlo es como cuando caminan sin ver y aplastan una flor. No es maldad, es simplemente la naturaleza de cada uno, en su propio caos porqué no se han sanado en su alma.
—¿Entonces… qué puedo hacer? —preguntó Lili, con ojos temblorosos.
—La clave, pequeña amiga, está en amarte a ti misma, en construir un refugio de amor propio que rodee tu corazón. Así, cuando los dardos de otros intenten alcanzarte, serán solo un pequeño golpe que tu corazón fuerte y amoroso podrá soportar.
Lili inclinó la cabeza, meditando sobre esas palabras.
—La primera vez que te vi, Lili, me hice una promesa: “No la amaré hasta que no aprenda a amarse a sí misma.” Y eso es porque quiero que seas fuerte, porque quiero que sepas que tu felicidad y tu valor no dependen de mí ni de nadie más.
Lili asintió, algo entristecida, pero también inspirada. Comprendió que Zénon no buscaba rechazarla, sino enseñarle la importancia de su propio amor.
Desde entonces, Lili trabajó cada día en amarse a sí misma, en entender que no necesitaba ser amada por todos, sino principalmente por ella misma. Con el tiempo, se convirtió en una ardilla segura y radiante, y cada vez que veía a Zénon en el bosque, le sonreía, agradecida por aquella lección invaluable.
Colorín, colorado este cuento se ha acabado.
Fran Garcia

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