392 – ¿Por qué pierde el Espíritu encarnado el recuerdo de su pasado?
– El hombre no puede ni debe saberlo todo, y así lo quiere Dios en su sabiduría. A no ser por el velo que le oculta ciertas cosas,
quedaría deslumbrado, como el que pasa, sin transición, de la
obscuridad a la luz. Por el olvido del pasado, es más él mismo.
393 – ¿Cómo puede ser responsable el hombre de actos y redimir
faltas de cuyo recuerdo carece? ¿Cómo puede aprovechar la
experiencia adquirida en existencias caídas en el olvido? Se concebiría que las tribulaciones de la vida le sirviesen de lección, si recordase lo que las originó; pero desde el momento que no lo recuerda, cada existencia le viene a ser como la primera, lo que equivale a tener que empezar siempre. ¿Cómo conciliar esto con la justicia de Dios?
– En cada nueva existencia, el hombre tiene más inteligencia y
puede distinguir mejor el bien del mal. ¿Dónde estaría el mérito, si
recordase todo el pasado? Cuando el Espíritu regresa a su vida
primitiva (la espírita), toda su vida pasada se descorre ante él; ve las
faltas que cometió y que son causa de su sufrimiento y lo que hubiera podido impedir cometerlas. Comprende que la posición que se le ha dado es justa y procura entonces la existencia que podría reparar la que acaba de transcurrir. Busca pruebas análogas a aquellas por las que ya ha pasado, o luchas que cree adecuadas para su progreso, pide a los Espíritus superiores que le ayuden en esa nueva tarea que emprende, porque sabe que el Espíritu que le será dado como guía en esa nueva existencia procurará hacerle reparar sus faltas, dándole una especie de intuición de las que cometió. Esta intuición es el pensamiento, el deseo criminal que con frecuencia os asalta y al que os resistís instintivamente, atribuyendo, la mayor parte de las veces vuestra resistencia a los principios que recibisteis de vuestros padres, mientras que es la voz de la conciencia la que os habla, y esa voz es el recuerdo del pasado; voz que os previene para que no volváis a caer en las faltas que ya cometisteis. Ya en su nueva existencia el Espíritu, si sufre con resignación las pruebas y resiste a ellas, se eleva y asciende en la jerarquía de los Espíritus, cuando vuelve a encontrarse entre ellos.
Si no tenemos, durante la vida corporal, un recuerdo preciso de lo que fuimos y del bien y mal que hemos hecho en nuestras existencias anteriores, tenemos sí, la intuición, y nuestras tendencias instintivas son una reminiscencia de nuestro pasado. A las que nuestra consciencia, que es el deseo que abrigamos de no cometer más las mismas faltas, nos previene que resistamos.
394 – En los mundos más avanzados que el nuestro, donde los hombres no están sujetos a todas nuestras necesidades físicas y a
nuestras enfermedades, ¿comprenden ellos que son más felices que nosotros?
La felicidad, en general es relativa y se la aprecia por
comparación con un estado menos venturoso. Visto que en definitiva, algunos de estos mundos, aunque mejores que el nuestro, no han llegado aún al estado de perfección, los hombres que los habitan deben tener sus causas especiales de malestar. Entre nosotros, por más que el rico no sienta las angustias de las necesidades materiales como el pobre, no dejan de tener tribulaciones que amargan su vida. Pues bien, yo pregunto si en su posición los habitantes de esos mundos se creen tan infelices como nosotros y si no se quejan de su suerte, no teniendo el recuerdo de una existencia inferior para término de comparación.
– A esto es necesario dar dos respuestas diferentes. Hay mundos
entre esos de que tu hablas, cuyos habitantes tienen un recuerdo muy claro y muy preciso de sus existencias pasadas y como lo
comprenderás, pueden y saben apreciar la dicha que Dios les permite saborear. Pero existen otros donde los habitantes, como tú dices, en mejores condiciones que vosotros, no por eso tienen menos angustias y hasta infelicidades, y no aprecian su dicha por lo mismo que no recuerdan un estado más infeliz aún. Pero si como hombres no la aprecian, la aprecian como Espíritus.
¿No hay en el olvido de esas existencias pasadas, sobre todo cuando han sido penosas, algo de providencial donde se revela la sabiduría divina?
Es en los mundos superiores, cuando el recuerdo de las existencias infelices no pasa de ser un mal sueño, donde afloran a la memoria. En los mundos inferiores, las infelicidades actuales, ¿no se agravarían con el recuerdo de todo aquello que se soportó?
Concluyamos, pues, de esto, que todo lo que Dios hace está bien hecho y que no nos incumbe criticar sus obras y decir como debería regular el Universo.
El recuerdo de nuestras anteriores individualidades traería inconvenientes muy graves, pues podría en ciertos casos, humillarnos extraordinariamente y en otros, exaltar nuestro orgullo y por eso mismo, dificultar nuestro libre arbitrio.
Para mejorarnos, nos ha dado Dios, lo que nos es necesario y bastante: la voz de la conciencia y las tendencias instintivas y nos priva de lo que podría perjudicarnos. Añadamos además que si conservásemos el recuerdo de nuestros actos personales anteriores, conservaríamos igualmente el de los actos de los otros, conocimiento que podría tener los más deplorables efectos sobre las relaciones sociales. No habiendo siempre motivos para glorificarnos de nuestro pasado, casi siempre es una dicha que sobre él se haya corrido un velo. Esto concuerda perfectamente con la doctrina de los Espíritus sobre los mundos superiores al nuestro. En esos mundos, donde sólo reina el bien, el recuerdo del pasado, nada tiene de penoso, y por ello se recuerda allí la existencia precedente, como recordamos nosotros lo que hemos hecho el día anterior. En cuanto a la permanencia en los mundos inferiores, no pasa de ser recordada más que un mal sueño, según hemos dicho.
395 – ¿Podemos tener algunas revelaciones sobre nuestras
existencias anteriores?
– No siempre. Muchos saben sin embargo, lo que eran y lo que
hacían; si les fuese permitido decirlo abiertamente, harían singulares revelaciones sobre el pasado.
396 – Ciertas personas creen tener un vago recuerdo de un
pasado desconocido, que se les presenta como la imagen fugitiva de un sueño, que en vano se procura retener. Esta idea, ¿no es más que una ilusión?
– Algunas veces es real; pero, con frecuencia, es una ilusión contra la cual es preciso ponerse en guardia, porque puede ser el
efecto de una imaginación sobreexcitada.
397 – En las existencias corporales de naturaleza más elevada que la nuestra, ¿el recuerdo de las existencias anteriores es más preciso?
– Sí, pues a medida que el cuerpo es menos material se recuerda mejor. El recuerdo del pasado es más claro para los que habitan en
mundos de orden superior.
398 – Siendo una reminiscencia del pasado las tendencias
instintivas del hombre, ¿se deduce que por medio del estudio de esas tendencias, puede conocer las faltas que ha cometido?
– Indudablemente hasta cierto punto; pero es preciso tener en
cuenta el mejoramiento que ha podido operarse en el Espíritu y las
resoluciones que ha tomado en estado errante, pues la existencia
actual puede ser mucho mejor que la precedente.
– ¿Puede ser más mala? ¿Puede cometer el hombre en una
existencia faltas que no cometió en la precedente?
– Eso depende de su elevación. Si no sabe resistir a las pruebas,
puede ser arrastrado a nuevas faltas, que son consecuencia de la
posición que escogió.
Pero, en general semejantes faltas acusan más un estado estacionario que retrógrado, porque el Espíritu puede avanzar o detenerse, pero no retroceder.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. ALLAN KARDEC.
No hay comentarios:
Publicar un comentario