No dejes que tu mente te encierre en historias que ni siquiera han pasado, porque muchas veces no sufres por lo que es, sino por lo que imaginas que podría ser. Te adelantas al dolor, inventas finales sin haber vivido el proceso y te paralizas por escenarios que solo existen en tu cabeza. Mientras tanto, la vida real sigue ocurriendo sin tanto drama como el que construyes por dentro. Aprender a detener ese ruido no significa ignorar los problemas, sino dejar de amplificarlos antes de tiempo. Porque cuando vuelves al presente, te das cuenta de algo simple pero poderoso: la mayoría de las cosas que temías… nunca llegaron a suceder.
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