sábado, 16 de noviembre de 2024

EL PODER DE LAS PALABRAS Por Cristobal Martinez)

 

Reflexiones mañaneras
“El poder de las palabras”
Yo no creo que las palabras o nuestras afirmaciones tengan ningún poder de por sí, ni sobre uno mismo o los demás tal como dice el texto de la imagen.
Uno no tendría nunca que hacerse esclavo de su propia afirmación.
Fue simple-mente algo que dije en un momento presente y a través de un determinado estado de consciencia.
Y si ahora lo veo diferente pues cambio, así de simple.
Otra cosa es que por cobardía, o por miedo a lo que van a pensar de mí, Yo “decida” cargar con mis palabras.
Tampoco lo que piensen o digan de uno debería importarnos lo más mínimo.
Si es verdad, ¿por qué me molesto?
Otra cosa es que la verdad sobre mí no me guste.
Entonces tendré que recordar que yo soy el que da lugar a la verdad sobre mí…
Y si lo que dicen no es verdad, ¿por qué me molesta?
¿Puede una mentira tener efecto sobre mi verdad?
¿Acaso los demás no deciden como juzgarme según su criterio?
¿Puedo hacer que cambien su juicio si no quieren cambiarlo?
Hace unos días conversando con una amistad llegó un momento en que me dijo: “Estás mal interpretando lo que te he dicho y además juzgándome”.
-Pues sí -le contesté-, pero es el juego de la comunicación: Tú me dices algo y yo lo interpreto y saco mis conclusiones que te las expongo. Es muy normal y natural que discrepemos.
Si no puedes aceptar que sobre tu versión yo tenga otra diferente, pues mejor no decir nada.
¿O es que me lo compartes buscando que te dé la razón?
¿Necesitas de re- afirmación de tus “verdades”?
Además, si estás de verdad segura de lo que dices, ¿qué importa lo que yo piense al respecto y/o sobre tí?
Cuando uno se “comparte” el juicio ajeno es inevitable.
Así que si no se está preparado para aceptar otras opiniones acerca de uno mejor no hacerlo, sobre todo cuando alguien argumenta de tal manera que consigue crear dudas acerca de lo que hasta ese momento creías como cierto y verdad.
Ese sí que es el tipo de palabras que no nos gusta escuchar, pues tambalea y crea dudas en nuestro sistema de creencias…
Entonces solemos defendernos atacando al mensajero pues me está “dando que pensar” y solemos decirle: “¡ya cállate que me estás calentando la cabeza!”.
Y se pierde de vista lo bueno que es que una nueva información pueda ser útil.
Bueno, no me quiero desviar del tema.
Las palabras -y como todo- tienen el poder/valor/importancia que cada uno quiera otorgarles.
No pueden tener efecto sobre uno si uno no lo permite.
Buen día, amigos.
Kriss

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