12.
La felicidad de los espíritus bienaventurados no consiste en la
ociosidad contemplativa, que sería, como a menudo se ha dicho, una terna
y fastidiosa inutilidad.
La vida espiritual, en todos los grados, es, por el contrario, una actividad constante; pero una actividad exenta de fatigas.
La
suprema dicha consiste en el goce de todos los esplendores de la
Creación, que ninguna lengua humana podría expresar y que ni la
imaginación más desarrollada podría concebir. Consiste en el
conocimiento y la penetración de todas las cosas, en la carencia de
todas las penas físicas y
morales,
en una satisfacción íntima, en una serenidad de alma que nada turba, en
el amor puro que une todos los seres, resultado de ningún roce ni
contacto con los malos, y, sobre todo, en la visión de Dios y en la
contemplación de sus misterios revelados a los más dignos. Consiste
también en las
funciones,
cuyo encargo es una dicha. Los espíritus puros son los mesías
mensajeros de Dios para la transmisión y la ejecución de sus voluntades.
Llevan a cabo las grandes misiones, presidiendo a la formación de los
mundos y a la armonía general del Universo, cometido glorioso al cual se
llega con la perfección. Los espíritus de rango más elevado son los
únicos iniciados en los secretos de Dios, inspirándose en su
pensamiento, puesto que son sus representantes directos.
13. Las atribulaciones de los espíritus son proporcionadas a su adelanto, las luces que
poseen, sus capacidades, su experiencia y al grado de confianza que inspiran al soberano Señor.
Allí
no existen los privilegios ni los favores que no sean premio del
mérito: todo está medido con el peso de la justicia divina. Las misiones
más importantes sólo son confiadas a los que Dios reconoce como capaces
de llevarlas a cabo e incapaces de faltar a ellas o de comprometerlas.
Mientras que a la vista de Dios, los más dignos componen el consejo
supremo, la dirección de las infinitas evoluciones planetarias está
confiada a jefes superiores, y a otros está conferida la de mundos
especiales. Vienen después en el orden de adelanto y de la subordinación
jerárquica las atribulaciones más restringidas de aquellos que presiden
la marcha de los pueblos, la protección de las familias y de los
individuos, el impulso de cada ramo de progreso, las diversas
operaciones de la Naturaleza hasta los más ínfimos detalles de la
Creación. En ese amplio y armonioso conjunto hay ocupaciones para todas
las capacidades, aptitudes y buenas voluntades. Ocupaciones aceptadas
con alegría, solicitadas con ardor, porque son un medio de adelanto para
espíritus que aspiran a
elevarse.
14.
Así como las grandes misiones son confiadas a los espíritus superiores,
las hay de todos los grados de importancia, destinadas a los espíritus
de diferentes rasgos; de lo que puede deducirse
que
cada encarnado tiene la suya, es decir, deberes que cumplir para el
bien de sus semejantes, desde el padre de familia a quien incumbe el
cuidado de hacer progresar a sus hijos, hasta el hombre de genio que
aporta a la sociedad nuevos elementos de progreso. A menudo en esas
misiones secundarias se encuentran debilidades, prevaricaciones,
apartamientos, pero sólo perjudican al individuo y no al conjunto.
El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo
- Allan Kardec.
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