Hola gente, ¿Qué tal os encontráis? ¿Estáis bien?, o solo regular, pues
yo sigo en el empeño de conseguir sentirme bien de por siempre y para siempre,
esto suena a película de disney, pertenece casi a la fantasía, a un sueño, y la dificultad no esta en
pensarlo, desearlo, decirlo o proponerselo, lo difícil es conseguirlo, pero hay un dicho
que dice: a mayor dificultad mayor esfuerzo, si hoy no se consigue, mañana lo
seguiremos intentando, sin prisa pero sin pausa, dándole a cada cosa o caso su
tiempo, pero sin dormirse en los laureles, ni rendirse, todas las proezas que
han tenido lugar a lo largo de la historia, se han conseguido a base de sueños, firmes
propósitos, tenacidad, constancia, paciencia, etc.
Empecemos tratando el dolor y como casi todas las cosas de la Vida, el dolor cuando existe es porque cumple con una función o cometido importante, y en algunos casos y ocasiones se hace imprescindible aunque no se reconozca y aún menos se valore su cometido, para comprender mejor lo que acabo de decir, pondremos algún ejemplo.
Todos
sin excepción, por una razón u otra o varias, hemos experimentado el
dolor en
algunas de sus variadas formas y niveles de intensidad, y algo que suele
estar
bastante claro, es que cuando el dolor se hace presente, y no se
comprende el
porqué, ni se acepta, se transforma en sufrimiento, los estados de
armonía y felicidad se alejan o ausentan mas o menos, según el
caso.
El
dolor es el lenguaje o la forma que utiliza, nuestro cuerpo, psiquis, alma o
espíritu para informarnos de que algo no va bien, y que hay que atenderlo ¡ya!,
sin darle más vueltas ni dejarlo para cuando sea oportuno o nos apetezca.
Es
posible que antes de que el dolor se haga presente, nos lleguen otros avisos,
como molestias físicas, intranquilidad, reproches de nuestra conciencia, etc.,
pero algunos de nosotros, solemos atender todo lo relacionado con el diario, nuestros
gustos, placeres y preferencias, en primer lugar, y las cuestiones de salud,
ética, moral, responsabilidad personal y algunas otras cosas relacionadas con
nuestra paz, serenidad, tranquilidad, etc., las vamos dejando para cuando nos
sobre algo de tiempo.
Y suele ser en estos casos cuando el dolor se presenta y nos fastidia
nuestros planes, porque como molesta y produce padecimiento, nos obliga a dejar
nuestras cosillas aparcadas y atenderlo con prioridad el motivo de su presencia, y aún así, habemos
personas que en tanto no sea intenso, seguimos sin hacerle caso, eso sí,
después ya tenemos motivos y justificaciones para quejarnos, lamentarnos y
sentir lástima de nosotros mismos, y así montamos “el pollo” y culpamos a Dios
de enviarnos el dolor, mientras a otros les da salud y bienestar.
Yo
en tiempos pasados he practicado, en parte, este deporte, de lo cual me
arrepiento y hago todo lo posible por salir de esos estados de ignorancia,
torpeza y egoísmo.
El
dolor puede ser físico, psíquico o anímico, y los hay naturales, por daños o
roturas accidentales, por descuidos y malos tratos y por conductas inadecuadas
productoras de lesiones, daños, perturbaciones y sufrimientos de diversa índole.
El
dolor físico todos sabemos de qué se trata, aunque cada uno de nosotros lo viva
y soporte de forma diferente, debido, en parte, a nuestra capacidad y fortaleza
interior y la forma de razonar y conceptuar en ese sentido, por ejemplo, si lo
conceptuamos como algo inoportuno, como una desgracia, la cual no merecemos,
como mala suerte, como un castigo inmerecido de Dios, etc., nuestra actitud y
sentimiento de rechazo y no aceptación de la realidad, hace que los efectos
dolorosos se intensifiquen, porque el pensar de esa manera produce
sentimientos de impotencia, angustia y dolor moral y anímico, que se suma al que ya estábamos
viviendo, y esta forma de proceder no es una solución que arregle o repare el
daño o perturbación que produce el dolor, solo nos sirve para agravar la situación.
Si
por el contrario comprendemos que es el único medio que posee nuestra
naturaleza física, psíquica o anímica, para hacernos saber y entender que
existe algún tipo de anomalía o daño al que tenemos que atender con prioridad,
antes de que llegue a niveles mas graves, nuestra reacción ante el dolor
debería de ser de agradecimiento, porque solo se trata de un mensajero que nos
informa que debido a un descuido, conducta o trato inadecuado, o carencias, o cualquier
otra causa, se ha producido una interrupción o perturbación, en el normal funcionamiento
de algún órgano o parte de nuestro cuerpo, mente, alma, etc.
Se
entiende que lo más conveniente en estos casos sería el dar las gracias al
mensajero, (el dolor) por estar siempre atento a su trabajo en beneficio de
nuestra salud, y acto seguido pasar a atender las causas que producen el dolor,
sin perder tiempo y energía en quejarse, ni lamentarse, ni aprovechar este tipo
de situaciones para dar lástima y hacernos las victimas ante los demás para llamar su atención, que aunque esto que
acabo de decir suena a disparate, es un modelo de actuación que se ejerce con
bastante frecuencia, sobre todo durante la etapa infantil y niñez, pero resulta ser de lo
mas absurdo e inadecuado, cuando se trata de personas adultas.
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