jueves, 7 de noviembre de 2024

SOBRE EL PLACER Y EL DOLOR 1ª Parte (Por José Miranda)

 

Hola gente, ¿Qué tal os encontráis? ¿Estáis bien?, o solo regular, pues yo sigo en el empeño de conseguir sentirme bien de por siempre y para siempre, esto suena a película de disney, pertenece casi a la fantasía, a un sueño, y la dificultad no esta en pensarlo, desearlo, decirlo o proponerselo, lo difícil es conseguirlo, pero hay un dicho que dice: a mayor dificultad mayor esfuerzo, si hoy no se consigue, mañana lo seguiremos intentando, sin prisa pero sin pausa, dándole a cada cosa o caso su tiempo, pero sin dormirse en los laureles, ni rendirse, todas las proezas que han tenido lugar a lo largo de la historia, se han conseguido a base de sueños, firmes propósitos, tenacidad, constancia, paciencia, etc.

Empecemos tratando el dolor y como casi todas las cosas de la Vida, el dolor cuando existe es porque cumple con una función o cometido importante, y en algunos casos y ocasiones se hace imprescindible aunque no se reconozca y aún menos se valore su cometido, para comprender mejor lo que acabo de decir, pondremos algún ejemplo.

Todos sin excepción, por una razón u otra o varias, hemos experimentado el dolor en algunas de sus variadas formas y niveles de intensidad, y algo que suele estar bastante claro, es que cuando el dolor se hace presente, y no se comprende el porqué, ni se acepta, se transforma en sufrimiento, los estados de armonía y felicidad se alejan o ausentan mas o menos, según el caso.
 
El dolor es el lenguaje o la forma que utiliza, nuestro cuerpo, psiquis, alma o espíritu para informarnos de que algo no va bien, y que hay que atenderlo ¡ya!, sin darle más vueltas ni dejarlo para cuando sea oportuno o nos apetezca.
 
Es posible que antes de que el dolor se haga presente, nos lleguen otros avisos, como molestias físicas, intranquilidad, reproches de nuestra conciencia, etc., pero algunos de nosotros, solemos atender todo lo relacionado con el diario, nuestros gustos, placeres y preferencias, en primer lugar, y las cuestiones de salud, ética, moral, responsabilidad personal y algunas otras cosas relacionadas con nuestra paz, serenidad, tranquilidad, etc., las vamos dejando para cuando nos sobre algo de tiempo. 
 
Y suele ser en estos casos cuando el dolor se presenta y nos fastidia nuestros planes, porque como molesta y produce padecimiento, nos obliga a dejar nuestras cosillas aparcadas y atenderlo con prioridad el motivo de su presencia, y aún así, habemos personas que en tanto no sea intenso, seguimos sin hacerle caso, eso sí, después ya tenemos motivos y justificaciones para quejarnos, lamentarnos y sentir lástima de nosotros mismos, y así montamos “el pollo” y culpamos a Dios de enviarnos el dolor, mientras a otros les da salud y bienestar.
 
Yo en tiempos pasados he practicado, en parte, este deporte, de lo cual me arrepiento y hago todo lo posible por salir de esos estados de ignorancia, torpeza y egoísmo.
 
El dolor puede ser físico, psíquico o anímico, y los hay naturales, por daños o roturas accidentales, por descuidos y malos tratos y por conductas inadecuadas productoras de lesiones, daños, perturbaciones y sufrimientos de diversa índole.
 
El dolor físico todos sabemos de qué se trata, aunque cada uno de nosotros lo viva y soporte de forma diferente, debido, en parte, a nuestra capacidad y fortaleza interior y la forma de razonar y conceptuar en ese sentido, por ejemplo, si lo conceptuamos como algo inoportuno, como una desgracia, la cual no merecemos, como mala suerte, como un castigo inmerecido de Dios, etc., nuestra actitud y sentimiento de rechazo y no aceptación de la realidad, hace que los efectos dolorosos se intensifiquen, porque el pensar de esa manera produce sentimientos de impotencia, angustia y dolor moral y anímico, que se suma al que ya estábamos viviendo, y esta forma de proceder no es una solución que arregle o repare el daño o perturbación que produce el dolor, solo nos sirve para agravar la situación.
 
Si por el contrario comprendemos que es el único medio que posee nuestra naturaleza física, psíquica o anímica, para hacernos saber y entender que existe algún tipo de anomalía o daño al que tenemos que atender con prioridad, antes de que llegue a niveles mas graves, nuestra reacción ante el dolor debería de ser de agradecimiento, porque solo se trata de un mensajero que nos informa que debido a un descuido, conducta o trato inadecuado, o carencias, o cualquier otra causa, se ha producido una interrupción o perturbación, en el normal funcionamiento de algún órgano o parte de nuestro cuerpo, mente, alma, etc.
 
Se entiende que lo más conveniente en estos casos sería el dar las gracias al mensajero, (el dolor) por estar siempre atento a su trabajo en beneficio de nuestra salud, y acto seguido pasar a atender las causas que producen el dolor, sin perder tiempo y energía en quejarse, ni lamentarse, ni aprovechar este tipo de situaciones para dar lástima y hacernos las victimas ante los demás  para llamar su atención, que aunque esto que acabo de decir suena a disparate, es un modelo de actuación que se ejerce con bastante frecuencia, sobre todo durante la etapa infantil y niñez, pero resulta ser de lo mas absurdo e inadecuado, cuando se trata de personas adultas.
 
El dolor es totalmente imprescindible, nos hace llegar la información cada vez que se produce un daño, y no se va, hasta que, el órgano dañado, vuelve a estar restaurado y apto para cumplir con su función, y si no queda restaurado al cien por cien, queda por siempre vigilando y avisándonos cada vez que forzamos dicho órgano más de lo que permite la minusvalía. Continúa en la 2ª parte  saludos.

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