SAL DE TU CASA, incluso si no hay a dónde ir ni con quién quedar.
A veces el alma no pide soluciones, pide aire.
Cambiar de escenario puede devolverle el pulso al corazón.
Ver gente pasar, oír otros ruidos, sentir que la vida sigue latiendo más allá de esas paredes donde hoy te sientes detenido.
Caminar unos minutos puede ser más sanador de lo que crees.
Sentarte bajo un árbol, entrar a cualquier café, perderte un rato sin destino… eso también es cuidarte.
No hace falta agenda, ni excusas, ni compañía.
A veces el cuerpo necesita moverse para que la mente se calme
y el ánimo encuentre un pequeño descanso.
Hazlo por ti.
Porque un paso afuera, por pequeño que sea,puede aliviar mucho de lo que cargas por dentro.
No siempre necesitas respuestas.
A veces, solo necesitas cambiar de aire
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