"Érase
una vez un rey que tenía el caballo más hermoso del mundo. Era, sin
embargo, un animal salvaje y desbocado al que no conseguía domar. Por
eso un día, el monarca declaró que recompensaría generosamente a quien
consiguiera subyugar a su semental. Atraídos por la promesa de riquezas,
muchos lo intentaron, pero ninguno era lo bastante fuerte para someter
al animal. El caballo arrojaba de su grupa incluso a los hombres con
músculos más poderosos. Cansados y frustrados, los contendientes se
retiraron.
Pasado
un tiempo, el rey vio que el caballo obedecía dócilmente las
instrucciones de un recién llegado. Admirado, quiso saber cómo había
logrado aquello que tantos hombres valientes habían intentado y no
habían conseguido.
El
domador de caballos respondió: «En vez de luchar contra su semental,
dejé que siguiera sus impulsos y corriera cuanto quisiera. Al final,
cansado y dócil, resultó fácil acercarse a él y tomar las riendas».
Lo
mismo ocurre con la mente. Si luchamos y forcejeamos contra ella, nunca
conseguiremos dominarla. El método que debemos adoptar es semejante al
del domador de caballos: deje que la mente siga sus impulsos y
tendencias sin restricción alguna, hasta que esté dispuesta a aceptar su
autoridad de buena gana. Dele rienda suelta. No la reprima: simplemente
obsérvela y conózcala."
Fuente:
Yoga World.
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