No
amamos. Interpretamos el “papel” del amor, que es distinto. Amar no es
“estar” con otra persona. O llevar un anillo. O haber tenido hijos. O
que alguien esté pendiente de ti (o tú de alguien). O irte de crucero y
“pasarlo bien”… Amar es mucho más. Y empieza por ti mismo. Como empieza
por ti mismo, por tanto, no todo es amor, pues muy pocas personas se
aman realmente a sí mismas. De hecho, la mayor parte de lo que se
etiqueta como “amor” es realmente “desamor”, y equivale a necesidad,
apego, adicción, apariencia, condiciones, contratos, acuerdos… La
sociedad lo llama amor, pero es simplemente la manera de cubrir una
carencia personal, un “debe” ante la sociedad, un “ya estoy salvado
porque tengo aquí al lado a un ‘bulto’ a quien exponer y llevar de la
mano”…
Si
no te amas ni te aceptas, no hay amor en tu vida. Es así de simple. Y
no, no puedes suplirlo con otra persona, porque la otra persona siempre
te va a reflejar tu desamor. Por eso fracasan buena parte de las
relaciones. Por desamor. Pero desamor de cada integrante respecto a sí
mismo. El razonamiento “ya me amará/salvará alguien aunque yo no me ame”
es bonito, muy Disney, pero no funciona. No es válido. Está destinado
al fracaso. Luego está el problema de la obligación: si alguien no te
ama, estás perdido. De modo que tienes que buscar enloquecida y
obligatoriamente a quien te “ame”. Y si no te ama, da igual, el caso es
estar bien ante tu familia y cumplir el expediente… Que vean que has
“hecho tu vida”.
Pero
es al contrario: eres tú el que estás perdido si no te amas. O si estás
con alguien por apariencias o conveniencia. En esa búsqueda febril e
inconsciente del “salvador”, te olvidas de ti mismo por el camino. Te
encadenas a la aprobación del afuera y pasas a segundo plano. Hasta que
llegas a ser una sombra. Un espectro sin alma, en una eterna búsqueda de
esa aprobación y esa aceptación que tú nunca te diste, pues tampoco te
la enseñaron. Por todo ello, solo empezarás a tomar color y a revivir
cuando te ames. Cuando tenga más peso tu interior que el exterior.
Cuando tus ideas estén claras (con menos pensamientos, menos
obligaciones y menos apariencias). Que los que se tiran sonriendo por el
precipicio no te engañen: la clave es tu propia paz, tu propia
comprensión. Tu propia luz interior. Y a partir de ahí vendrá el amor
(en forma de otra persona, o no). Porque ya habrá surgido en ti mismo.
Diego Van
No hay comentarios:
Publicar un comentario