CÓMO ROMPER CON EL HÁBITO DE “PENSAR DEMASIADO”
¿Te quedas enganchado después de una discusión sobre lo que dijiste
mal o lo que podrías haber dicho? ¿Te cuesta dormirte por las noches
preocupado por un fallo en el trabajo? ¿Crees que le das demasiadas
vueltas a las cosas?
No eres el único y, de hecho, cada vez es
más creciente el número de personas que piensan “demasiado”,
impidiéndose a sí mismas el desarrollo de una vida satisfactoria.
En este artículo te mostraremos cómo liberarte de ese exceso de
pensamiento nocivo (a partir de ahora los llamaremos rumiaciones) y te
plantearemos estrategias para recuperar el control de tu vida.
EL RUMIAR NOS AGOTA.
Pensar no es negativo. Lo es cuando nuestra mente se queda dando
vueltas a nuestros pensamientos inútilmente produciendo sentimientos
negativos, dando lugar al “efecto levadura”: un pensamiento que tiene
lugar a partir de una pequeña idea o problema, pasa a generar más y más
preguntas, nuevas relaciones de ideas (problemáticas y catastróficas),
generando otros pensamientos negativos que se expanden, crecen y acaban
por apoderarse de todo el espacio de nuestra mente.
El
resultado es agotador. Lejos de encontrar respuestas o soluciones
válidas acabamos en un callejón sin salida, presas de sentimientos de
victimismo (“no podré salir de ésta”, “soy incapaz”), ansiedad (“mañana
va a ser un día duro”) y depresión (“mi vida no vale nada”).
Pensamos “demasiado” cuando nos dejamos atrapar por torrentes de
pensamientos y sentimientos negativos que nos abruman y que interrumpen
nuestro funcionamiento diario y nuestro bienestar.
¿POR QUÉ SON NEGATIVAS LAS RUMIACIONES?
Un pensamiento es positivo cuando es constructivo, creativo y aporta
soluciones. Al final de ese proceso nos podemos parar y relajar,
inmersos en una sensación satisfactoria de haber cerrado un asunto.
Las rumiaciones, por el contrario, resultan nocivas porque afectan a
nuestra capacidad para obtener respuestas y soluciones a nuestros
problemas, producen desmotivación y generan nuevos problemas, nos
bloquea en una posición repetitiva que puede afectar a nuestras
relaciones sociales y, finalmente, puede arruinar nuestra salud física y
emocional.
Las rumiaciones crean estados de ánimo negativos
que pueden teñir la calidad de nuestros pensamientos hasta tal punto que
acabamos teniendo una visión distorsionada de los hechos. Y lo peor de
todo es que podemos tomar decisiones equivocadas basándonos en esos
pensamientos negativos.
¿CÓMO PUEDO LIBERARME DE ESTE HÁBITO?
Cuando estamos inmersos en un mar de pensamientos circulares y repetitivos, depende de nosotros mismos el poner fin a estos.
¿Y cómo puedo pararlos? Primero hemos de tener clara una premisa: “mis
pensamientos no soy yo”. Están ahí dispuestos a ser cuestionados, a ser
tomados en serio, a ser transformados,… Desde este punto de vista, nos
desindentificamos de ellos y nos convertimos en observadores externos de
nuestros propios pensamientos. Míralos como observador y pregúntate:
“¿realmente este pensamiento me está ayudando?” Si no es así, deja de
rumiarlo una y otra vez.
Ten en cuenta de que al principio
pueden volver a ti, como si fueran un boomerang. Recuerda que estamos en
la tarea de entrenarnos en ser nosotros quienes manejemos nuestros
pensamientos y no al revés. Así, vuelves a apartarlos de ti cada vez que
irrumpan en tú mente. Cada vez lo harás con más fuerza.
Como
psicóloga me encuentro con pacientes en consulta que se sienten presos
de sus propios pensamientos. Generalmente, el problema de fondo es una
dificultad para vivir en presente. Cuando nos perdemos en ese mundo
fantaseado del qué podría pasar, de lo que pasará o de lo que pasó
(futuro/pasado), nos sentimos presos, ya que no tenemos capacidad de
acción. Es evidente que no podemos cambiar el pasado, ni el futuro. Sí
podemos actuar sobre el presente, sobre este preciso instante.
Pensar en el futuro o en el pasado no es negativo cuando esto nos sirve
para planificar nuestro futuro, proponernos metas, recuperar momentos
de nuestro pasado para nutrirnos de él,… En este instante soy mi propia
historia y mi horizonte, pero no me pierdo en ellos, sigo conectado con
este momento (presente).
Así, como bien habrás deducido, el
remedio para la ansiedad que provocan esas rumiaciones es VIVIR EL
PRESENTE. ¿Cómo se vive en presente? Pon todos tus sentidos en aquello
que estés haciendo en el momento presente: escuchando con toda atención a
ese amigo que te está hablando, disfrutando de esa ducha matutina,
saboreando lo que estás comiendo,… Haz de esto tú filosofía de vida y no
un parche para aliviar en un momento dado tú ansiedad.
ALGUNAS CLAVES SOBRE LAS RUMIACIÓNES:
– Comprender que las rumiaciones son tú enemigo. El pensamiento
excesivo, repetitivo y absorbente no te proporciona visiones profundas,
sino que en realidad te hace perder el control de tus pensamientos y
sentimientos. Continúa en la 2ª parte.
jueves, 15 de junio de 2023
RUMIACIONES Y ANSIEDAD 1ª Parte (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario