Caricias con la mirada. Caricias con las manos. Caricias con las palabras. Caricias con la música...
Acariciar el alma traspasa cualquier sensación física, corporal... Acariciar el alma provoca aromas sagrados, latidos apasionados, dulzura etérea.
Acariciar el alma suscita y aviva el despertar del Amor en el corazón ávido de entrega, aletargado en sus sueños.
Acariciar el alma es alcanzar el estado de unión plena y morir en la separación.
Lo hermoso es sinónimo de sencillo. Lo bello es sinónimo de humildad y simplicidad... Un acto sencillo, humilde y simple promueve e incide en que siempre, siempre sea el Amor quien entregue la Verdad.
Un momento Eterno... Una Eternidad efímera... Que se graba en los corazones de quienes comparten con absoluta entrega y humildad... de quienes saben y se saben... de quienes se desnudan sin miedos, o con ellos presentes, pero que en ese acto son disueltos.
En ese acto... en esa mirada... en ese beso... No existe el más mínimo ápice de exigencia, de espera, de resultado... Es sencillamente una apuesta por lo más Grande que pueda Sentir el ser humano... EL AMOR. Es la más plena y absoluta entrega del corazón con un claro y contundente mensaje: "El Amor no es mío, no me pertenece. Tómalo. Te lo ofrezco para que desde tu Amor sientas qué hacer..."
Lo Verdadero siempre perdura... siempre permanece en este momento que no alberga otros momentos... porque en su efímera Eternidad despliega su corazón y libre, vuela hacia el corazón que acoja su grandeza.
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