viernes, 25 de julio de 2025

SOBRE EL FALLECIMIENTO DE SERES QUERIDOS 2ª Parte (Por José Miranda)

 

 (Viene de la 1ª Parte)     En numerosas ocasiones hemos hablado de los apegos, la dependencia, la adicción, etc., todas estas realidades psíquicas y afectivas según el criterio popular están encuadradas dentro de lo normal y hasta necesario, porque se confunden con otras realidades muy diferentes, que aunque puede parecer que se trata de lo mismo en realidad son muy diferentes.

 Los apegos por ejemplo, se confunden con el cariño, con el amor, con el interés por el bien de otro, pero en la realidad no es así, cuando estamos apegados a alguien o algo, sentimos una necesidad de estar junto o cerca de ese alguien, al margen de que ese alguien sienta lo mismo o no.

 Es lógico y natural que todo aquello que nos produce bienestar, seguridad, confort, placer, etc. intentemos retenerlo junto a nosotros, pero no todo se puede retener, y sobre todo cuando se trata de personas, todas hemos de andar nuestro camino particular, y en ocasiones caminamos al lado de alguien durante un trayecto, y después los caminos de ambos cogen rumbos diferentes y toca despedirse, hay quien lo comprende y lo acepta, agradece el tiempo que ha permanecido junto a aquella persona y el bien que han compartido, y sigue su camino con alegría y abierta a otras posibilidades en su nuevo rumbo o etapa.

 Pero casi de lo que más abunda somos personas dependientes, que nos apegamos a las personas y a las cosas, y cuando tenemos que despedirnos de alguien o algo, un trozo de nuestro corazón queda adherido a la persona o cosa que nos hemos tenido que despedir.

 En nuestra educación incorrecta o sentimientos improcedentes, nos hemos hecho una idea fija, de que todo aquello que nos gusta y creemos necesitar, hemos de contar con ello para siempre, ya se trate de personas, animales u otras posesiones de tipos diversos, y después andamos por el mundo con nuestro corazón roto o fragmentado y cada trozo del mismo en lugares diferentes.

 Nos falta la capacidad para agradecer lo vivido y dejar ir, si hemos caminado durante un tiempo junto a alguien que nos brindo buenos momentos, es algo para alegrarse y agradecer, y no como ocurre muchas de las veces que el miedo a la posibilidad de perderlo, no nos deja disfrutar del momento, y nuestra necesidad de amarrar a quien sea o lo que sea junto a nosotros, nos convierte en sus verdugos, porque todo amarre es privación de la libertad, intento de retener a alguien como si se tratara de una de nuestras propiedades o posesiones, y este tipo de acciones hacen que las personas se alejen de nosotros porque se sienten manipuladas, privadas de su libertad y todo ello bajo el argumento o pretexto de que las quieren tanto que no pueden vivir sin ellas.

 Pero nuestra Madre Naturaleza no hace excepciones, y cuando en el programa de vida o destino de una persona hay cambios de relaciones afectivas, esos cambios llegan, y si los aceptamos bien, y si no los aceptamos igualmente bien, antes o después aprenderemos a aceptar y amar todo cuanto entra o sale de nuestra vida, y hacerlo con alegría y cariño.

El amor es libertad, el apego es amarre y privación de la libertad, y por lo tanto contradictorio al amor, y por favor, seamos sinceros, cuando le decimos a alguien: es que te quiero tanto, que se me hace imposible vivir sin ti, esto es una mentira maquillada con la crema del falso cariño, la realidad es que lo que recibimos diariamente de esa persona, no nos interesa dejar de recibirlo, y por eso nos aterra la idea de que se valla de nuestro lado, pero si en verdad la queremos, contemplaremos su bien a la par del nuestro, y su bien es ella quien debe de decidirlo en libertad de elección, nuestra felicidad es responsabilidad nuestra, y es una artimaña un tanto rastrera el hacer responsable a otras personas de la misma, para que se vean obligadas a atender nuestros requerimientos.

 Y para cerrar el tema, en lo referente al fallecimiento de seres queridos pienso que no se trata de esas supuestas pérdidas que tanto sufrimientos nos causan, todo cuanta con principio y final y ambos son igual de importantes, se trata de cambios que están contemplados en nuestro programa de vida y formación espiritual, a los que tenemos que aceptar como un cambio más, y también existe el deterioro y fin de relaciones porque llegó su hora, o que no se han valorado ni atendido, ya sea por falta de conocimiento o por egoísmo, la vida en sí es cambio constante y transformación incesante para bien del mundo y sus criaturas.

Y hasta aquí mis ideas sobre lo que interpretamos como pérdidas a causa de los fallecimientos de gente querida, y que como he dicho lineas atrás pienso que para nada lo son, todos tenemos nuestro tiempo y cuando se agota hay que cambiar de estado, situación y lugar, y con ello nadie pierde ni gana, es la mecánica y ciencia de la vida que tanto si nos gusta como si no, es así y punto. Hasta siempre, un saludo.

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