Soy el Accidente Cerebrovascular… y llego sin avisar.
No golpeo como una herida. No grito como un hueso roto. Yo simplemente apago partes de tu cerebro… y cuando te das cuenta, ya no puedes hablar, moverte, o recordar.
Me formo cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se tapa o se rompe. A veces es un coágulo. A veces es una hemorragia. Pero el resultado es el mismo: mato neuronas por segundo.
Cada minuto sin atención médica es como borrar miles de recuerdos, capacidades y palabras.
Y no llegué solo. Me abriste la puerta con años de presión arterial alta, diabetes sin control, colesterol elevado, tabaquismo, sedentarismo, y una dieta cargada de grasa y sal.
A veces llego al mediodía. A veces mientras duermes. Solo dejo señales:
• Un brazo que ya no responde.
• La cara que se cae de un lado.
• La lengua que no forma palabras.
• La mirada perdida.
Todo ocurre en segundos.
Pero hay algo que me asusta:
Si actúas rápido, si reconoces las señales y llamas a emergencias, pueden detenerme.
Si te cuidas antes de que llegue, puedes evitarme para siempre.
Soy el Accidente Cerebrovascular.
Silencioso. Implacable.
Pero tú… tienes el poder de no dejarme entrar.
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